Tú que ahora estás leyendo ésto no esperes encontrar relatos de calidad, ni brillantes ni siquiera originales.Es mi rincón, el lugar donde dejo fluir mi imaginación, mis sentimientos y la tapadera que guarda mi esencia.Gracias por entrar en mi rincón, siempre serás bienvenido.

julio 22, 2011

NADIE ENTIENDE


Sentada a los pies de tus cenizas, recordándote, como cada vez que el peso de la vida sin ti se me hace insoportable. La sombra del árbol, de tu árbol me protege, me abraza, me habla de ti y tú a su través. Siento el consuelo de sus raíces abonadas con tu cuerpo.


 

Ya no hay rabia, se evaporó con los años o quizá nunca la hubo. Se vistieron con su traje el dolor, la decepción y la culpa.
Nunca hubo nadie más para mí, nunca desde el principio. Eras mi sueño de vida, mi futuro, mi camino. 
Yo te elegí a ti y tú elegiste vivir montado a lomos de un caballo con alas, extasiado por la libertad que creías alcanzar en cada viaje sin darte cuenta de que en vez de Unicornio era Abadón, ángel del abismo sin fondo, ángel de la muerte.

Luché contra él, a veces contigo, pocas, y siempre por ti. Luché sin descanso hasta el final y la vida, que tenía otros planes, me hizo elegir. Escoger entre el infierno que era la vida contigo y que yo aceptaba porque siempre confié  o el amor del fruto de nuestra unión que me separaría de ti y me daría soledad y desarraigo fue difícil. En  medio de esa cruel batalla entre mi amor por ti o el de nuestro hijo y su futuro sin horrores constantes intenté tirar la toalla y desaparecer pero la vida, otra vez la puta vida, se encargó de enseñarme el camino.

Elegí. Sé que elegí bien pero aun ahora después de que el tiempo ha tapado ya tantas heridas me sigo sintiendo culpable del abandono, de tu soledad a pesar de que tú nos habías abandonado mucho antes.

Maldigo a Abadón y a ese caballo de crines blancas porque no sólo te robaron la vida a ti. Con tu muerte se llevaron también mi vida y me dejaron algo más doloroso y cruel, me dejaron años para llorarte muerta en vida.

Nadie entiende mis lágrimas, nadie comprende mis recuerdos y añoranzas cuando me ven sobrevivir entre análisis periódicos y pastillas diarias maldiciéndote mil veces por dejarme en la sangre la huella de tu debilidad.  – Vive- me dicen. Disfruta de los tuyos, resucita la bella mujer que eres… y yo vivo, sonrío, camino entre ellos pero mis pasos son cansados y mis ojos ya no brillan.


Vivo aletargada, dejando pasar el tiempo, esperando el momento de volverte a ver y de sentirte, por fin, solo mío.



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julio 13, 2011

DETALLES

Hay detalles que se clavan en el alma como soplos escondidos. Duendes traviesos que salen cuando menos lo esperas para recordarte otro tiempo, otros ojos, otras manos, otra piel.

 Un aroma que olvidado sigue vivo, una luz que atrapada aun brilla.Una expresión, una risa, una mirada, una música, un paisaje que sin ser idéntico te hace recorrer de nuevo mapas que creías superados por explorados.

 Aun ahora, que muestro tiempo no ha acabado, atesoro esos fraqmentos de nuestra vida,esos gestos, rasgos y delicadezas que un día , espero que lejano, me hagan pintar una sonrisa cuando me acuerde de ti.

julio 07, 2011

PILI

Aristóteles decía: “La amistad es un alma que habita en dos cuerpos, un corazón que habita en dos almas”.

Me obligo a escribirte porque no quiero que tu absurda muerte quede en nada. Quiero decirte ahora que formas parte del todo, todo lo que no te dije cuando debiera haberte regalado mis sentimientos. Me conoces bien y sabes que te quiero pero nunca te lo dije. Me arrepiento tanto de no haberte besado y abrazado cuando tuve todas las oportunidades del mundo. Qué estúpida he sido. Creyendo que la vida no se nos podía escapar tan  pronto, creyendo que lo que se nos dio era para siempre y que “siempre” no tenía fecha de caducidad.
Me esfuerzo en recordar el primero de nuestros recuerdos pero son tantos y tan lejanos en el tiempo… Recuerdo una bata rosa, unas coletas, los bocadillos del recreo, los juegos de la bombilla, de las gomas, la xarranca y las piedras para jugarla. Tú siempre tenías la mejor piedra de cantos redondos y color vino. Recuerdo las primeras confidencias de la pre adolescencia, el primer viaje con los primeros escarceos amorosos. Eras la chica más popular y sin embargo me elegiste a mí como mejor amiga. Tenías la suerte de tener una hermana mayor que te alisó el camino y por ello disfrutabas de una libertad que yo envidiaba porque la mía era nula por imposición. Salías con chicos los sábados, quedabas por las tardes en el muro de tu bloque con Alejandro como sombra y un montón de chicos que te rondaban y aún así seguimos siendo amigas del alma. Alejandro… qué habrá sido de él. Le perdimos la pista a un tío genial, que se salía de lo que se consideraba normal por estrafalario. Tímido, ocurrente, simpático, artista…
Recuerdo tus zuecos golpeando el suelo como si quisieras decirle al mundo que venías pisando fuerte que tenías vida para llenar mil vidas, los entrenamientos y las competiciones atléticas, el descubrimiento del amor verdadero, los primeros cigarros, las primeras escapadas con músicos de escaso talento y mucho tesón, los petas de adultas en el coche cuando salíamos…
La vida se empeñó en separarnos. Durante algún tiempo no supimos o supimos muy poco pero aún así cuando nos reencontramos parecía que habíamos hablado el día anterior y los pocos años separadas no habían hecho mella en nuestra amistad. Es increíble lo fuerte que son los vínculos no sanguíneos cuando son de verdad. Son para toda la vida, la vida…. Los míos, mis sentimientos morirán conmigo ahora que, como siempre, me has vuelto a ganar.
Me llevaré conmigo tu risa, ventana abierta de tu esencia; tu mirada, espejo de lucha y honradez, tus ocurrencias, tu visión despreocupada de la vida, sin dramas sin llantos.
Me llevo conmigo tu lección de valentía hasta el final, la sencillez con que hacías las cosas, sin miedos, siempre con esa alegría que derrochabas con todos y con todo. Nunca hubo mentiras, ni embrollos, simplemente no las necesitaste. Eras clara y limpia y todos los que te conocimos sabemos que fuiste especial.
Hace tan poco que no estás y es tan profundo el vacío. Dicen que debo dejarte marchar, que te fuiste en paz, que te despediste de los tuyos haciéndoles la partida fácil, muy, muy fácil.
Necesito decirte que te quiero, que te he querido desde los primeros dientes y las primeras mellas, que te he querido a través del tiempo y la distancia y que para mí siempre serás Mi amiga del alma.
Que el tiempo es bálsamo y cura el desasosiego estoy segura, pero no quiero que sólo seas un recuerdo, eres mucho más que eso. Eres una rama de mi árbol de la vida.

junio 27, 2011

Tú, siempre tú


Si supieras cuánto dolor hay en los silencios. Si pudieras siquiera alcanzar el sentimiento de las palabras que guardo y que jamás pronunciaré. Si recorrieras las calles de los recuerdos desnuda, sin corazas ni abalorios…

Sacudirse la sensación de ser un juguete, una distracción en la vida de otro es la más difícil de las tareas. La tristeza se apodera de tu vida, te cala los huesos. La mirada pierde el brillo y se vuelve opaca; no ves, no hay risas, se pierde el gusto por la vida. Duele, duele tanto…

Es triste asumir el sufrimiento estéril, es patético gastar tu vida entregando siempre lo mejor de ti aun sabiendo que nada tiene valor para el otro. Sonreír cuando las lágrimas te anudan la garganta, repartir ternura cuando la que más la necesita eres tú. Conformarte con un guiño o con una frase dulce. 
Tomar por amor el despojo, confundir la cortesía con el detalle, creer que la palabra dicha es por ti y para ti.

Y lo peor de todo es ser consciente de todo ello y callarlo. Seguir como si nada, y preguntarte por qué. 
Y guardar los sueños entre sedas moradas en el rincón más inalcanzable de tu alma para que nadie los arañe.
Confiárselos al destino y esperar, siempre esperar…


El espejo te devuelve cada día la imagen de la que ven no de la que eres, la que sigues siendo aunque la plata tiña tu cabello y el rostro se vaya ajando poco a poco igual que tus ilusiones.




junio 24, 2011

Un día de perros


Había estrenado unas preciosas sandalias de cáñamo y cuentas de colores esa misma mañana y ahora podrían arruinarse con la inoportuna y pertinaz lluvia. Esperó durante unos minutos bajo el portal de su oficina mirando su reloj y calculando cuánto podía esperar antes de perder el último tren que la llevaría a casa. El cielo se oscurecía por momentos y la lluvia se espesó convirtiéndose en una gran tormenta. Con la estúpida idea de que corriendo de portal en portal y de balconera en balconera conseguiría llegar a la estación mojándose lo menos posible inició una carrera absurda.

No había corrido más de cuatro porterías cuando aterrizó, cuan larga era, en el charco más grande de toda la calle que por otra parte se había convertido en un torrente. Se quedó inmóvil, tirada en el suelo, con la mirada fija en una de sus chanclas que se había convertido en patera a la deriva al caer en el hueco del árbol completamente anegado ya.

Se dio cuenta de lo anormal de su comportamiento allí sentada, sin moverse, empapada e intentó levantarse recomponiéndose la falda de su vestido que con el agua se había vuelto casi transparente y se le pegada al cuerpo señalando cada curva.
Se le saltaron las lágrimas al ver su capricho arruinado  y el rímel le dibujó unos churretes negros  que acababan de darle del todo una imagen dramática y patética.

Recogió la sandalia poniéndosela, el bolso, el libro, se estiró la falda y levantó el mentón en un intento de recuperar la dignidad y sin mirar a quienes se cruzaban con ella siguió su camino ya sin correr. En ese momento no le preocupaba nada salvo que sus preciosas sandalias habían tenido una corta vida y le escocía especialmente el tiempo que había invertido en ahorrar el dinero que valían y la ilusión que también había invertido en ello.
Uno de los cordones de cáñamo se soltó haciendo que la alpargata quedará atrás al dar el paso y provocando un nuevo traspié a Lucia. Se giró, ya no lloraba. Su cara reflejaba la rabia que intentó evaporar apaleando la puñetera zapatilla contra otro árbol de la acera.
Uno, dos, tres, cuatro… los golpes eran cada vez más rápidos y fuertes e iban acompañados de todas las palabras malsonantes que conocía.

Así las cosas la imagen eran la de una hermosa joven descalza, con la ropa empapada y pegada al escultural cuerpo, el cabello negro pegado al cráneo, el rostro dibujado de surcos negros que le conferían a sus ojos un matiz de misterio o de locura, que castigaba duramente el tronco de un árbol aporreándolo con una sandalia rota y soltando por su boca todos los tacos habidos y por haber.

Marco salió de la oficina a su hora. Había tenido un día horrible y lo que más le apetecía era llegar a casa, ponerse cómodo y desconectar. Le había tocado lidiar con una impertinente cliente que histérica casi lo lleva al puro grito. Su estrés lo pagó el teléfono cuando después de la vigésima llamada de la señora en cuestión lo estrelló contra la pared de la oficina. Eso le valió una llamada de atención severa de su jefe y la recomendación de que se tomara unos días de vacaciones, eso sí, sin sueldo. Tenía por delante cinco días hasta que el próximo lunes volviera al trabajo.
Iba maldiciendo entre dientes su suerte mientras conducía y el aviso de mensaje de su móvil le hizo dar un respingo. Cogió el teléfono y si hubiera llevado la ventanilla abierta hubiera acabado en la calle. Miró el mensaje:
“parking inundado. Imposible aparcar. Matías”.
Matías, el siempre atento y diligente portero de su finca acabada de darle la puntilla a su día. Ahora tendría que pasar un buen rato para encontrar un aparcamiento en la calle porque a esas horas ni en la zona azul encontraría un hueco donde dejar su flamante BMW.
A la tercera vuelta a su manzana reparó en una loca que gritaba aporreando un árbol. La gente está loca, pensó, sin acordarse de que él mismo hacía un rato había hecho lo propio con el teléfono. En la siguiente vuelta un coche salía y esperó mientras hacía las maniobras fijándose ahora en la mujer. No sabiendo muy bien por qué sintió lástima por ella y se sintió identificado.
El claxon de otro coche lo sacó de sus pensamientos y enseñándole el dedo corazón por la ventanilla se dispuso a aparcar. El hueco era muy justo y tuvo que acomodar su coche con varios toquecitos que le iban poniendo cada vez de peor humor. Al fin paró el motor y salió. 

Casi estaba en su portería cuando echó un último vistazo a la muchacha. La gente corría y nadie se paraba ni siquiera a preguntar qué le pasaba pero si veía cómo la miraban con ojos golosos y otros jocosos algunos de los hombres que salían del taller mecánico de la esquina... Sin pensarlo nada se quitó la americana y cuando estuvo a su lado la tapó y la abrazó para impedir que siguiera golpeando y gritando.
Lucia lo miró con ojos de ira al principio y al segundo rompió a llorar como si el mundo se hubiera acabado y fuera la única superviviente. Marco le susurraba palabras de calma al oído y la encaminó hacia su casa.
Matías le abrió la puerta y extrañado iba a decir algo pero enmudeció cuando Marco lo miró. Subió a su piso y se dirigió al cuarto de baño abriendo el agua caliente de la ducha.
Salió al salón y encontró a Lucia en el mismo punto en que la había dejado y le pareció un perro abandonado. Le dio la mano y la condujo a la ducha. La desvistió y cuando estuvo bajo el chorro de agua cerró la cortina y salió a secarse y cambiarse.
Mientras ponía música suave y preparaba un trago para cada uno pensó en que algo muy grave debía pasarle a esa mujer para que hubiera llegado al estado en el que estaba. Oyó que el agua había cesado de caer y esperó ante la puerta a que saliera.
Lucía salió con la cabeza baja y susurró un “gracias “que le llegó al alma. De la mano de nuevo se acomodaron en el sofá abrazados y en silencio. Se durmieron.
De madrugada despertó con dolor de cuello y miró a su derecha. Se le había abierto la toalla y por primera vez reparó en toda su belleza. Se ruborizó de su propia erección y se levantó a buscar una manta fina y la cubrió. Se dio cuenta de que no sabía ni su nombre y sin esperar a que despertará rebuscó en su bolso para ver su carnet de identidad. Encontró una de sus tarjetas profesionales y el bolso se le cayó de las manos.
Se quedó de piedra, no podía ser. El destino no podía ser tan caprichoso e insidioso.


Lucía Castells Mora.
Directora de Marketing
Castells & Castells Esdeveniments.

No podía ser, aquella belleza no podía ser el ser insufrible que le había amargado el día y que había hecho que perdiera los nervios.
Empezó a pasear de arriba a  abajo por el salón. Se paraba delante del sofá, la miraba, alargaba la mano para despertarla y sin acabar de hacerlo volvía a pasear. No sabía qué  hacer, por un lado tenía ganas de mandarla de nuevo a la calle sin darle oportunidad de hablar y por otra parte quería conocerla y entender todo el lio que había organizado entre los dos.

Lucía abrió los ojos estremeciéndose y mirando a Marco le dijo
-                                     -  Hola. Creo que no te he dado las gracias por todo lo que has hecho y ni siquiera sé cómo te llamas. Eres lo mejor de un día pésimo y espero poder agradecértelo.
Marco se sentó a su lado. Intentó que la rabia no le saliera por los ojos y con toda la frialdad de la que fue capaz le dijo:
-                                  -  Soy Marco Benet i Solans, staff de la firma a la que tu representado le ha intentado estafar miles de euros.
Lucía se levantó del sofá como un resorte sin darse cuenta de que estaba completamente desnuda y se acercó como una tigresa hacia Marco, que por otra parte también estaba desnudo de cintura para arriba. Marco se quedó helado al ver a aquella tremenda mujer y no se le ocurrió otra manera de callar a aquel huracán  sino asiéndola por los brazos y besándola.

Cayeron al suelo en una lucha tan antigua como el tiempo, mordiéndose, besándose, quemando toda la rabia que habían estado acumulando y sin pensar a dónde les conduciría la liberación de sus instintos.
Fuera la tormenta empezaba a amainar al mismo tiempo que se desataba dentro una tormenta de pasión incontrolada.

Si creyéramos que los objetos tienen alma podríamos creer que en un rincón del salón una sandalia rota se reía dejando caer las pocas cuentas de colores que aun quedaban en su sitio.

mayo 31, 2011

¿ TE ACUERDAS?

¿Recuerdas cuándo fue la última vez que te dieron tanto sin pedir más que una mirada o una palabra?

¿Recuerdas quien fue la última mujer que te dio toda la ternura en sus manos? ¿Aquella que cuando miraba a tus ojos veía todo lo que necesitaba? ¿Aquella para la que tus palabras eran credo y música para su alma, la que tejía futuro en tus labios en cada beso?

¿Te acuerdas?
¿Recuerdas cómo poco a poco empezó a abrirse un mar de frías sábanas entre vuestros cuerpos, olas de soledades en compañía, noches en blanco sin una caricia siquiera? ¿Recuerdas las lágrimas, los silencios, los gritos callados dejados cada mañana en tu café?
¿Te acuerdas?
Te abandonó para no matar el amor de puro hastío a golpes de indiferencia. Te abandonó por amor, por su amor.
¿Recuerdas cuándo empezaste a buscar en otra piel lo que la tuya añoraba de ella? Cuando en tu cama había tres y hasta cuatro. Tú, la de esa noche, su sombra y tu orgullo.
¿Te acuerdas?
Y ahora, que el tiempo pasa, que te acostumbraste a tu mal entendida libertad, que la soberbia se apoderó de tu vida, de tu casa, vives con una puta vieja, tu querida soledad, que te araña haciendo jirones ese corazón que a golpe de años se volvió frío.

Y sin embargo aquella que un día fue, aquella que siempre estuvo, sigue esperando un guiño del destino para volver a brindarte su vida en un suspiro.

mayo 25, 2011

DISTANCIAS



Jaume me sobresaltó al servirme el primer café del día. Andaba perdida en mis pensamientos con la mirada fija en un punto pero sin ver nada.
Sigue llorando – me dijo señalando con la cabeza la mesa a la que creía que yo observaba.
-              -  Pobre, lleva ya casi una hora llorando, Doña Mireia y no para de mirar el reloj. Yo creo que lo va a desgastar. Me acerco a cada poco pa limpiar la mesa y me mira con una cara de gato abandonado que…

-                -  Jaume, cuántas veces te tengo que decir que no me llames Doña. 

Mirando, ahora sí, a la pobre infeliz le pregunté a Jaume si la conocía porque, a pesar de mi despiste crónico, soy muy observadora y no la recordaba.

-                 -Que va Doña Mireia, viene alguna vez pero siempre acompañada. Hoy está sola, pero que mu sola. ¿Por qué no se acerca usté y le ayuda? A usté se le dan bien esas cosas.

Jaume es un tipo amable, camarero de toda la vida, de los de antes. Muy profesional y muy cotilla también. No, no soy justa. No es cotilla es que se preocupa realmente por las personas con las que interactúa, es casi como un confesor para su pequeña parroquia.
Si hay algún lugar en el que el tiempo deja de ser tiempo es en la terraza de un café.
Me gusta sentarme en un velador – que palabra más hermosa – y observar las miserias y grandezas de autóctonos y foráneos de una ciudad como Barcelona.
Un café corto con leche, espuma y espolvoreado de cacao, una libreta y mi cámara  se convirtieron hace años en compañeros de mil horas sin minutos, en testigos no mudos de mis soledades y de las de muchos como  yo. Observar se convierte en una buena terapia que ayuda a poner en el lugar que le corresponde a tus propias vicisitudes.

Creo que salvo Jaume nadie repara en esta vieja loca que se sienta en la mesa más retirada de la terraza. Me he convertido en un adorno más de la preciosa cafetería modernista que palpita todavía en un pequeño pasaje peatonal en pleno ensanche barcelonés. Es una isla de paz en medio de la vorágine de la ciudad Condal.
Mesas de mármol y hierro forjado, vidrieras en las puertas, madera tallada con mariposas, hojas y flores, lámparas art-decó… una belleza que hace que te sientas en un espacio sin tiempo. Siete veladores dispuestos en forma de flecha  son todo un mundo en el que se viven encuentros secretos, horas de lectura sin prisa, partidas de ajedrez interminables, charlas de vecinos, reuniones de trabajo de estudiantes, desayunos de secretarias y hasta es espacio para una pequeña congregación espirita.

-                - Doña Mireia, perdone si la molesto que ya sé que no porque en el fondo usté tiene un corazón mu grande y yo se que….

-                 - Está bien Jaume, iré a hablar con ella.

Prefería la incomodidad del acercamiento y de la intromisión en la vida de esa desconocida que el parloteo incesante de Jaume. Cogí mi cámara y con la excusa tonta de hacer fotos desde el perfil de su mesa me acerqué a ella.

Me presenté y con el desparpajo que solo se les perdona a las personas de edad me invité a sentarme a su lado. Ella me miró dibujando una media sonrisa en su cara y me perdí en la tristeza de esos ojos. Jaume tenía razón, aquella mujer, Julia  se llamaba, penaba por algo que le estaba ahogando el alma. No me costó mucho esfuerzo entrar en su historia, ella necesitaba desahogarse y sin pudor explicó que se encontraba en medio de una relación que era su razón de vivir y el motivo de su lenta muerte.
Me contó que había llegado al café porque recorría cada paso que había dado con él, porque aquí había vivido momentos maravillosos y aun le parecía que en cualquier momento doblaría la esquina y aparecería, como siempre, a las 4 en punto. No pude evitar acordame de la Penélope de Serrat y atrapada en ese sentimiento pensé que debía hacer algo por ella. Pero, ¿qué podía hacer salvo escuchar? 

Son más de las siete, le dije, es posible que no venga. No vendrá, me contó entre lágrimas, lo he perdido, esta vez es para siempre. Alargó su mano hacia mí y me entregó una cuartilla arrugada:

-                  -Lo encontré en el buzón esta mañana. Se lo escribí yo no hace mucho y me lo ha devuelto sin una explicación sin una nota.  Le he llamado mil veces pero no atiende el teléfono y no puedo ir a su casa. Está casado, atrapado en un matrimonio que lo asfixia pero del que no puede deshacerse. Espero y espero pero no ha servido de nada la paciencia y el amor…
Desplegué la cuartilla y leí:

Huelo el miedo cuando me hablas. También usa mi boca para hablarte a ti y estoy cansada de sentir miedo, de que mis palabras te alejen más y más. ¿Qué quieres de mí? Soy yo, sigo aquí, siempre estoy aquí.
La marea que te trajo de vuelta en tu última huida me devolvió un desconocido. Envuelto en mil ropajes te escondes y solo dejas ver lo que ni te roza la piel. No quieres mis caricias, huyes de mis labios y sin embargo buscas mi cobijo como perro apaleado. Me miras sin querer verme pero no puedes olvidar los únicos ojos que saben leer tu alma.
Tengo la certeza de que habiendo recorrido ese camino una y mil veces, el sendero empieza a tener más piedras que verdín, más zarzas que flores y las fuerzas empiezan a menguar al mismo ritmo que desaparece la ilusión y se desvanecen los sueños.
Pero sigo aquí, llenando tus tiempos siempre escasos y clandestinos y dándole forma sin querer a la idea que de mí quieres guardar. Me mata el hielo de tus palabras, la distancia no se mide en metros entre tú y yo. Se mide en dulzuras perdidas, en abrazos rotos, en besos muertos antes de ser labiados. Se mide en sentimientos que se esconden y en palabras dichas que no son nada. Se mide cuando mides el tono, las pausas, las miradas. Ahora hay todo un océano entre nosotros, ni siquiera puedo alcanzarte.
Mírame soy yo, sigo aquí. Soy  como el aire que llena tus pulmones y que no ves. Tan real como la tierra que pisas o la sangre que late en ti.
Tal vez busco a gritos, te reclamo el amor que nunca existió aunque tu piel dijera lo contrario y tus labios matasen de deseo mi cuerpo y el tuyo vibrara con mis caricias.
Nunca me he sentido más sola que cuando me ha cruzado el pensamiento de que no te he perdido si no de que jamás te he tenido.
Y vuelves a picar a mi puerta y te abro de nuevo y te envuelvo  en mil caricias nuevas solo para ti.

Leí aquella nota y un escalofrío me recorrió el cuerpo. Sentí que el receptor de aquella carta estaba allí, con nosotras y que le acariciaba el pelo y le besaba la mejilla. Sentí que su corazón ya no latía y que ahora sí la distancia era insalvable…


mayo 13, 2011

EL MENSAJERO DE LA LUZ



Nací en un ataúd. Puede sonar raro, no, de hecho suena raro pero es la verdad.
Este hecho marcaría mi vida como una tara física invisible.
Mi pobre madre padecía una rara enfermedad que llamaban catalepsia y cuando estaba próximo mi nacimiento sufrió un ataque y la dieron por muerta. La enterraron con pompa y boato, hasta plañideras tuvo y por supuesto la mejor caja que se pudiera imaginar. Mi padre, un experto y capacitado carpintero de ataúdes eligió el mejor. Además de ser el mejor carpintero de la comarca era hombre preocupado y despierto y siempre sospechó que los males que aquejaban a su bella esposa un día le traerían un disgusto.
En su preocupación por ser el mejor en su trabajo recorría los pueblos cercanos para ver cómo se desempeñaban sus colegas y de uno de ellos copió el invento que a la postre me salvó la vida.
Su colega había inventado un dispositivo simple pero efectivo. Un fino agujero en la tapa para pasar un cordel que atado a la mano del difunto podría mover una campanilla que se situaba en el exterior de la tumba en caso de que el muerto no estuviera bien muerto.

Saben que mi madre luchó por nuestras vidas, la tapa estaba completamente arañada y suponiendo que yo solo tendría más posibilidades que los dos juntos, ató el cordelito a mis pies, me puso a su pecho y ella dejó de respirar. Mis pataleos movían sin cesar la campanilla y mi padre los oyó con claridad cuando fue a depositar flores frescas la mañana siguiente de mi entierro, perdón de mi nacimiento.
Así fue como vi la luz, nunca mejor dicho. Mi padre me desenterró con sus propias manos arrebatándome del pecho amoroso de mi madre muerta.

Mi infancia transcurrió entre olor a madera y sopas de leche. Ahora entiendo porque mi padre me protegía hasta casi el encierro. En el pueblo me llamaban el mensajero de la muerte y no me ayudaba el hecho de que podía ver, solo con mirar a los ojos de una persona, cuanto tiempo duraría su camino en esta vida. Predecía con exactitud la fecha de sus muertes y además ayudaba, a cuantos me lo solicitaban, a cruzar el umbral. Además veía a los que, muertos ya, vagaban perdidos como sombras sin estar en ninguna parte.

Aprendí el oficio paterno sin mucha maestría, todo hay que decirlo, pero me proporcionó la posibilidad de hacer con mis manos el último traje de padre. Hacía varias semanas que había visto en sus ojos que se aproximaba su final.

El día siguiente de su entierro cerré la carpintería, recogí mi herencia hecha de de escofinas, escoplos y formones y me fundí entre el paisaje de hayas y encinas convirtiéndome en un Perdido en vida a la espera de descubrir en mis ojos el día de mi partida.

Confieso que estuve un tiempo evitando las aguas cristalinas de los  riachuelos que atravesaba y hasta los espejos en las pocas ocasiones en que los tenía que usar. No quería descubrir en mis ojos lo que estaba tan habituado a ver en los demás.

La muerte me sorprendió dormido bajo una encina y desde entonces vago, ya sin equipaje, a la búsqueda de alguien que como yo pueda ayudarme a ver por fin la luz.

mayo 11, 2011

DIVAGACIONES


Ya se durmió la ciudad un día más. Me gusta respirar el aire de la primavera anochecida, ver el tililar de las incansables farolas y los focos de algún retardado conductor que vuelve a casa.
Es la hora en que todo duerme y los fantasmas de la noche cobran vida.

Tengo que dejar de fumar. Lo  pienso mientras enciendo el penúltimo cigarrillo de la noche. Me gustaría ser humo

Cuando todos duermen mi cerebro despierta y empieza a tejer sueños, a despertar a golpes de lucidez a la pura imaginación.Todo cobra sentido, todo tiene su sitio. Es cuando las palabras fluyen sin control y tengo que estar atenta para atraparlas en papel. Un día de éstos me haré con una grabadora, las mejores ideas se pierden entre las sábanas cuando el sueño por fin me vence. Quiero ser papel…

El olor de la noche, el sabor del silencio, el tacto de un recuerdo… mil sensaciones que gritaría si no fuera porque no sabría hacerlo con la suficiente fuerza y belleza para que no resultara ridículo. Fuego. La fuerza que me quema por dentro, la que sujeto durante el día, la que me hace vivir y seguir, seguir y soñar, soñar y esperar. Quiero ser fuego…


He de imaginar las estrellas, pienso mirando al cielo. En la ciudad las estrellas son difíciles de ver pero sé que están allá arriba y me esperan. Últimamente me asalta un pensamiento que se repite : siento que no tardaré mucho en dejar este plano de realidad y rezo para convertirme en estrella y que unos ojos me busquen en la noche y me entreguen sus secretos. Si, quiero ser estrella...

Quiero ser humo, papel, fuego y estrella. Tantas cosas y nada al tiempo.

Quiero irme a la cama sin pensar en tus ojos, sin que me atraviese tu olor o sin querer que tu voz me adormezca. No quiero pensar en ti porque el dolor no ayuda, porque después de sentirte dentro, tan cerca, te desvaneces como ceniza al viento. No quiero recorrer más tus calles y sentir que soy solo asfalto bajo tus pies. Quiero ser recuerdo, tu recuerdo.

Quiero ser el humo que queda del recuerdo arrugado en un papel. El fuego que todo lo purifica elevará las moléculas de mi nada hasta convertirlas en estrella brillante y solitaria que un día tú , desde tu noche, buscarás.
Guardaré tus anhelos, velaré tus deseos y haré cerrar tus ojos de puro brillo. Cuando eso suceda, cuando al mirar una estrella cierres los ojos ,recordarás y una sonrisa bordará tu boca y una palabra escapará sin freno. Esa palabra no será otra que amor.


Una vez más no lo consigo y mi último pensamiento del día vuelve  a ser para ti. Vuelvo a encender otro cigarro, éste si, éste es el de dormir.

mayo 08, 2011

Sentir, sólo sentir.


La despertaron unos golpes ligeros, rítmicos como piedrecitas en el cristal.

Le costó unos instantes ubicarse, no recordaba donde se hallaba. Todo le parecía extraño y en esos momentos en que todavía cabalgas entre el sueño y la vigilia no recordó que demonios hacía allí. Poco a poco recordó que se había instalado esa mañana en el bungaló de ese apartado pero lujoso complejo rural huyendo de una realidad que la asfixiaba. No había contado a nadie su intención de desaparecer durante un tiempo porque ni ella misma sabía que tomaría esa decisión hasta que apareció en el complejo hotelero después de seguir, como una señal, los letreros publicitarios que había ido encontrando a lo largo de la carretera por la que circulaba sin destino, sin finalidad. Fue un impulso y al llegar sintió que la paz que hacía tanto que no sentía había vuelto a ella.

Le asaltó un sentimiento de mal humor porque aquel dichoso ruido en su ventana le había fastidiado un sueño con el tipo al que había estado observando esa mañana en la playa mientras le acondicionaban el alojamiento. Todo un ejemplar masculino…

Se levantó como un resorte y salió al porche sin importarle el fresco de la madrugada y el aire húmedo del mar cercano, vestida únicamente con una camisa de hombre desgastada. Un recuerdo…

La oscuridad lo inundaba todo. Inesperadamente notó que una mano grande y cálida la tocaba. Le acarició el hombro y bajando por su brazo hacia su mano describió un camino de puro fuego. Ella sin pensarlo tomó su mano y desapareció con él y su moto.

No tenía que pensar, solo tenía que sentir, sólo quería sentir. Bloqueó su racionalidad y se dejó llevar. Deslizó los brazos por los costados y se abrazó a su pecho. Se inclinó apoyándose en su espalda y aspiró el olor que desprendía, puro, masculino, el tipo de fragancia que le hacía volver a sentirse mujer.

Sintió el frio cuero de su chaqueta sobre sus pechos y sintió endurecer sus pezones.

No se le ocurrió preguntar. En aquel momento lo único que experimentaba eran sensaciones.

Él alargó la mano hacia atrás y recorrió su muslo desnudo. – Agárrate fuerte- le ordenó.

Ella se estremeció tanto por el sonido de su voz como por el contacto rugoso de su mano…

 

Días después, en la ciudad, alguien leía el periódico mientras tomaba el desayuno. Le gustaba leer los breves de sucesos, esos que parecían no decir nada de gran relevancia por lo anónimo de sus personajes pero que encerraban auténticas tragedias de las que él bebía para sus novelas.


“Hallado cadáver sin identificar de una mujer joven en el bosque cercano a los acantilados del pueblo cántabro de Sonsés. Los excursionistas que la encontraron dicen que solo vestía una camisa de hombre. El cadáver, en avanzado estado de descomposición, no mostraba signos aparentes de violencia. Se encuentra en el depósito de la ciudad a la espera del resultado de la autopsia y su posible identificación.”

Dejó el diario sobre la mesa de un golpe, apagó el cigarrillo y tomando su cazadora de piel y su casco salió a quemar rueda con su moto…

 

mayo 02, 2011

CUÉNTAME UN CUENTO... VALE TE LO CUENTO


Erase que se era
Un príncipe,
Una araña
Y un pez en su pecera.

El príncipe, galán donde los haya, decidió un buen día pasearse por el mundo más allá de sus almenas y ataviado de palabras que lucía como perlas  y vistiendo su mejor ego se dirigió al mundo lejano a pasear sus encantos.

Hete aquí que, pasea que te pasea, se fijó en un pececillo y en su pequeño mundo transparente.
Le sorprendió que alguien pudiera vivir en un mundo tan pequeño y se preguntó si en realidad su nado despreocupado, casi inocente y su mirada limpia eran verdad. Se preguntó cómo podría vivir entre paredes de cristal y dejar al descubierto su vulnerabilidad.
Preso de la curiosidad que poseen los genios encaminó sus pasos hacia el cristal y con sus profundos ojos deslumbró al animal.
El pececillo incauto o no tanto, dejó que el príncipe le mostrara sus encantos. 
 Él que creía conocer el mundo cayó perdido cuando, al bajar la guardia, el príncipe le mostró su alma.

Quiso el caprichoso destino que almas tan distintas se unieran aunque como dicen por ahí, la felicidad dura poco en la casa del pobre y el destino, que no es para siempre, jugó de nuevo sus cartas.
En una de las esquinas de ese mundo ideal observa y teje, teje y observa la araña Doña Mentiras. Lista y taimada no dejará que uno de sus príncipes favoritos disfrute del espacio que comparte con el pececillo y sin querer queden al descubierto sus pequeños pecadillos.
Con sus ochos ojos y sus ocho patas a todas partes alcanza y cuando algo no le conviene teje una tela espesa hasta que hace invisible aquello que le molesta.
Dicen que las arañas no cantan como sirenas pero sus hilos de seda envuelven también a cualquiera. No soportaba al pez ,que ella veía insulso y tonto, y no entendía que aquel príncipe compartiera su tiempo con él en vez de con ella.
Sintiose la araña en un segundo plano y no soportándolo le habló al pez con palabras que parecían sinceras diciéndole entre susurros que el magnífico príncipe era en realidad un sapo verde.
Le dijo:
-                                    -Ten cuidado pececillo, te arrastrará a los abismos porque el príncipe riega con palabras mentirosas a todos aquellos que oyen sus palabras hermosas.
Ten cuidado del príncipe del averno, mira que yo te lo digo porque te quiero.

Fuese como fuera
la taimada Doña Mentiras consiguió que el príncipe ya no viera al pececillo como un alma gemela sino como piraña que come todo lo que entra en su pecera.
Se marchó sin avisar y el pobre pescadito, ¡qué tonto!, nunca dejó de esperar. Esperar que aquella capa de seda tejida,  espesa, casi tupida la deshiciera el tiempo.
El príncipe sigue su periplo sin mirar atrás y el pececillo  feliz lo sueña y no se para de preguntar:

         -¿Quien vive en un mundo de cristal? ¿La vanidad, la envidia o la credulidad?

Quedó la araña enredada en su propia red de sedas, el príncipe siguió su camino y el pez… el pez tranquilo en su pecera.


Busque el lector la respuesta pues ya no compete al que escribe buscar las moralejas.