Tú que ahora estás leyendo ésto no esperes encontrar relatos de calidad, ni brillantes ni siquiera originales.Es mi rincón, el lugar donde dejo fluir mi imaginación, mis sentimientos y la tapadera que guarda mi esencia.Gracias por entrar en mi rincón, siempre serás bienvenido.

junio 28, 2017

Encuentros Imposibles

Noche cerrada. Ni las estrellas, que a los dos tanto entusiasmaban, habían podido romper el denso velo que tapaba la bóveda celeste.
Se oye ulular la lechuza y el lobo responde con un aullido triste y solitario desde lo más alto de la ladera.
Apartados de todo y de todos, Su Eminencia y el Rubio traman en secreto una fórmula que les permita cumplir sus deseos más ocultos.
No se conocen y sin embargo tienen una complicidad forjada a base de deseo y de locura que trasciende lo físico.
Hay tensión en el aire. El encuentro, largamente planeado, será un éxito. El tiempo era su único enemigo. Quisieran parar el tiempo que se mueve entre ellos como pez escurridizo. Convertir un respiro en una eternidad...
Su Eminencia se despoja poco a poco de su viejo traje de rectitud. El Rubio, húmedo por la excitación de lo que ha de ocurrir, se mueve despacio haciendo cómodo el acercamiento. Calibra su cuello, ajusta el solideo sobre su cabeza, mide su envergadura ...

Los nervios del primer contacto habían pasado. El Rubio se sentía excitado, relajado y expectante a partes iguales. Su Eminencia sólido, rígido pero cálido se dejaba hacer. Más tarde, cuando el Rubio hubiera concluido llegaría su momento. Ella sabría, por fin cual era la intensidad de su deseo.
Fuera la nieve empezaba a cubrir el camino, dentro la calidez de los dos quemaba el oxigeno

septiembre 23, 2016

OTOÑO





Empiezo el otoño desbordada. Desbordada de carnes, de sueños, de realidades y certezas.
Desbordada de miedos intensos, de pensamientos nocivos, de dudas exactas, de persuasión minusválida, deseos intactos, impulso excesivo y cobardía ruidosa.
Inundada de penas en flotadores inútiles, de heridas futuras y premoniciones atávicas. 

Me queda una esperanza, una esperanza ocre y macilenta como las hojas muertas, que, sin embargo, no quiere caer y de ella me sostengo respirando a borbotones mientras veo, a mis pies, toda una vida perpleja.

                                        Acuarela Marina Mateos

septiembre 07, 2016

CUPIDITAS



El deseo es libertad. Desear implica no controlar, nos vuelve excesivos, caprichosos, impulsivos, libres…


Intentaba concentrarse en el artículo que debía presentar a final de semana para la revista médica que lo había contratado. Intentaba rebatir algunas afirmaciones de Punset y en su cabeza se mezclaban las ideas y ella.

El deseo es propio de personas inteligentes…


Aunque quisiera y quería, no podía apartar de su cabeza el color de su piel, el agua resbalando por sus muslos, la expresión de placer que le provocaba una simple ducha.  Así la veía desde su ventana mientras intentaba ordenar sus ideas para escribir. La descubrió sin querer hace un par de semanas y desde entonces su cerebro había almacenado gran cantidad de información sobre ella: se levantaba temprano, se duchaba, volvía a medio día, se duchaba, dormía desnuda sobre el sofá, salía por la tarde, volvía sobre las diez, se duchaba, encendía el portátil un rato y luego apagaba la luz.

Lejos de coincidir con el divulgador científico que afirma que “Bien entendido el deseo no es una voz oscura, confusa y estúpida, sino que - en una persona madura - es luminosa, clara e inteligente” quería demostrar que el deseo nos obstaculiza la razón y él era una prueba palpable.

Su deseo era ir al edificio de enfrente, tocar el timbre, entrar y hacerle el amor hasta caer rendido. Deseaba a aquella mujer más de lo que había deseado nunca nada. Su tan cacareado autocontrol estaba astillándose, se resquebrajaba con cada imagen que retenía en sus pupilas. Había establecido una lucha tenaz consigo mismo y mucho se temía que su cerebro perdería la batalla y al final se dejaría llevar por las emociones.

¿Y qué podría perder?

Se dio cuenta que había dicho esa última frase en voz alta mientras se colaba por la puerta entreabierta que acababa de traspasar un abuelo que lo miró estupefacto


-                -     Perdón, ¿me decía algo?

-           -   No, no, lo siento. Bueno sí, ¿sabe usted en qué piso vive una chica alta, morena, delgada y bellísima? Sé que vive en el cuarto, pero no sabría la puerta…

-             -     Ah, sí, la bibliotecaria. En el cuarto B. Es hermosa, si… seguía murmurando entre dientes con una sonrisa pícara.


Le agradeció la información mientras ya estaba dentro del ascensor. No tenía ni la menor idea de qué iba a decirle cuando abriera la puerta ni cómo iba a reaccionar ella, pero tenía que mirarla de cerca e intentar exorcizarla, acabar con lo que se estaba convirtiendo en una obsesión.

Tocó la puerta y le pareció una eternidad el tiempo que transcurrió hasta que una cabeza envuelta en una toalla asomó.

-                 -Hola. No tengo ni idea de cómo hacer esto. Verás, vivo en el bloque que tienes justo enfrente y me preguntaba si… sí..

-                   -Si. Pasa.

El clic de la puerta al cerrarse tras de él sonó en su cabeza como un trueno. Una descarga eléctrica le sacudió al verla con una mínima toalla tapando su cuerpo. 


-                - Sé quién eres. Te he visto observando desde la ventana. Me preguntaba cúanto tardarías en entender el mensaje. Espera un segundo que me visto… 


A partir de ese momento todo se volvió confuso. Salió con una camiseta de tirantes y unas braguitas y se puso delante de él, que se había sentado en el sofá, con las manos en la cintura.

Deslizó sus manos por las interminables piernas desde el tobillo hasta la cadera, arrastró el elástico de la prenda íntima y la dejó caer. La atrajo hacía si apoyando la cabeza en su vientre y empezó a besarla. Al principio fueron besos dulces, simples, para ir convirtiéndose en posesivos y feroces. Sus dedos se abrieron paso entre sus muslos, atrapó con sus labios su centro de placer y su lengua saboreó cada rincón excitando su clítoris hasta hacerla gemir.



Rodaron por el suelo sin saber exactamente cuando perdió su ropa, ella se abrazaba a él estrechándose, sonriéndole con una mueca de desesperación.  Aquella pequeña mujer era fuego líquido. Lo tendió sobre su espalda y le hizo la mejor felación que nunca hubiera disfrutado. Lo llevó varias veces al límite sin dejar que satisficiera su deseo, hasta que se acomodó en su pene, cabalgándolo profundamente. Su orgasmo fue una explosión que lo volvió loco.  Perdió el poco control que le quedaba y se dedicó a disfrutarla penetrándola en posturas diferentes, suave hasta hacerla gritar de anticipación y fuerte hasta el desvanecimiento.

Perdió la noción del tiempo cuando despertaron de ese sopor que da el placer satisfecho y se dio cuenta de que no sabía, siquiera, su nombre.



-                     - Hola, le dijo mojándose los labios con la punta de la lengua, me llamo Thesa  ¿ y Tú?


¿Podía leer su mente? Maldita sea, se había colado en su cabeza.  Ese simple gesto hizo que su pene volviera a excitarse. Intentó taparse, sin saber por qué le importaba lo que ella pudiera pensar. 


-                   -      Hola Thesa, bella Thesa. Soy Raúl  y te deseo…



Un sonido electrónico lo despertó en medio de la noche. No entendía bien dónde estaba. ¿ Era su cama, su casa? ¿Estaba Thesa a su lado? Thesa…  

El sonido era la entrada de un correo electrónico que le apremiaba a entregar su artículo. Pensó en esa madrugada como abordarlo y al final escribió:



El deseo es libertad. El deseo nos convierte en el portavoz de nosotros mismos…

Nada que objetar al maestro.

Renuncio.

junio 10, 2016

ASFIXIA



Siento el perfume del pasado. Intenta alojarse entre los pliegues de mi olvido haciéndose un hueco, arañando la fina capa de firmeza y confianza que he ido tejiendo con tanto esfuerzo.
A veces creo que me faltan las fuerzas, que no podré, una vez más, ahuyentar ese aroma pesado y ponzoñoso; tan tóxico y corrosivo que empieza a descomponer mi imagen, que deshace mis pies tan pegados al suelo, que descompone las alas que me permiten alcanzar sueños.

Dejo de respirar para evitar que se cuele a través de mis pulmones. La vida se vuelve de un azul purpúreo. Sé que no podré vivir en apnea permanente, que en cualquier momento mi tórax amenazará con estallar y sucumbiré al oxígeno, a bocanadas. 

En ese tiempo de asfixia voluntaria intento recopilar todas las herramientas que me han salvado tantas veces. A veces no bastan y a toda velocidad invento una nueva. 

Ya está, no me falles.
 Ahora no.