Tú que ahora estás leyendo ésto no esperes encontrar relatos de calidad, ni brillantes ni siquiera originales.Es mi rincón, el lugar donde dejo fluir mi imaginación, mis sentimientos y la tapadera que guarda mi esencia.Gracias por entrar en mi rincón, siempre serás bienvenido.

noviembre 17, 2010

ME ABANDONO




Había prometido olvidarte. Dejar tus cartas mohosas en el baúl del olvido,dejar de ver tus imágenes de papel amarillo, dejar de oler las toallas empapadas de tu piel.
Juré que lo haría y así seguir adelante con mi vida. Vida que no vivía, vida que no era mía.
Como leí en algún sitio, no recuerdo dónde, la vida cuanto más vacía está, más pesa. Y la mía pesaba tanto...
Juré que olvidaría tus besos ardientes, tus caricias tempranas, tu sexo, mi muerte...
Muerte diaria, muerte por tu ausencia, muerte por desespero de amor y de deseo.

Acabé con todo eso, y la herida es tan grande, el dolor es tán profundo, que me consuelan las cosas más simples: escribirte estas letras que no leerás, pero que me hacen tanto bien.....
Ya no tengo el placer de tu cuerpo, ni el placer de tus manos, ni el de tu boca. Ya no tengo el placer de tu sexo y a pesar de no tenerlos, me sobran.

Me abandono a mis tardes en la mecedora del porche, me abandono a la música del viento en mis flores,
me abandono a mis libros, a mi café en la sala bañada de sol, a las olas de mis paseos... a mis pocos amigos, a mi perro....
A placeres pequeños, sin contrapartidas, sin sueldo.

Me abandono a mis cosas, a mi libertad, a mi .

noviembre 16, 2010

LA ESTACIÓN SIN NOMBRE



Una bolsa de supermercado. Ese es todo mi equipaje. Una bolsa con dos bragas, mi cepillo de dientes, una camiseta y unos leggins. Todo lo que mis nervios y mi sangre fría me permitieron coger hace dos noches antes de salir huyendo.
Lo dejé dormido en nuestra cama. Dormido, después de sufrir la enésima violación.
Tenía que hacerlo bien, él tenía que creer que una vez más estaba sometiéndome a su voluntad.
Si era sumisa y complaciente, sospecharía. Esta vez tenía que fingir en mi propia violación.
Ya no importaba, mi cuerpo ya estaba acostumbrado y mi mente voló en cuanto puso sus manos sobre mí. Parecía que nunca iba a acabar. Sus manos húmedas y su boca pastosa por el alcohol profanaban mi cuerpo. Sus acometidas parecían no tener fin. Me retenía agarrándome del pelo y tapaba mi boca con mi ropa interior para que no chillara. Y yo chillaba, gritaba con todas mis fuerzas porque sabía que su excitación sería mayor y acabaría por derramarse.

Fue particularmente cruel, como si supiera que era la última vez, como si quisiera marcarme con su despedida. Se quedó dormido enseguida por la satisfacción y por la ayuda de las benzodiacepinas que había puesto en su copa de vino en la cena.
Escapé. Cogí “mi equipaje que colgaba de la puerta de la cocina y el dinero que había ido escondiendo durante los tres últimos años en un bote de Ajax, debajo de la fregadera.
1800 euros. Ese era mi capital y la llave de mi futuro.

Cuando salí a la calle, despacio, casi de puntillas, me esperaba mi ángel de la guarda, mi amiga Yolanda. Yolanda....., mi mejor amiga, mi confidente, mi salvación. Me recogió en su coche y me llevó a la estación de tren. Me despedí de ella llorando, ella sonreía y me decía que todo iba a salir bien. Acordé con ella que no sabrá a donde me dirijo, no podía decírselo. Si él llega a enterarse de su ayuda la matará. No podré llamarla durante un tiempo, hasta que me establezca, hasta que esté segura....... Ni yo misma sé a dónde voy.

Hoy, dos días después, todavía sigo huyendo. Sigo en el tren, sigo vigilando cada viajero que sube o baja, cada mirada, cada movimiento. A veces cuando el sueño me vence, recuerdo retales de mi infancia. Recuerdo un reloj gigante a los ojos de un niño en la pared descascarillada de una vieja estación. Recuerdo el olor del tren, el aire que entraba por la ventanilla y hacía bailar mi pelo; el olor de los campos que atravesábamos. Recuerdo los vagones con sus asientos de escai rojo, los ceniceros de “plata “enganchados debajo de la ventanilla, la plataforma entre vagones y sus puertas que se abrían y cerraban con un golpe seco. Recuerdos de otros viajes, de otras huidas....

Voy a bajar en la próxima estación, no sé bien por qué, pero bajaré. Estoy lejos, muy lejos, y aún así espero que haya otro tren que me lleve hasta que la tierra quiera tragarme. Hasta encontrar una estación sin miradas, sin horas, sin nombre.
La encontraré, sé que me está esperando, sé que me ha esperado toda mi vida.


noviembre 13, 2010

FERMIN






Me despierto aún borracho. Miro a mí alrededor y veo botellas vacías y ceniceros llenos. 
Una alpargata con lazos rosas está colgada del cabezal de mi cama. No recuerdo a quien pertenece.

De entre las sábanas, amontonadas a los pies aparece “Fermín”, enfundado en un preservativo. 
Mi mente, acuchillada por sonidos de panderetas invisibles, empezó a recordar…


La conocí durante la segunda botella de whisky en el antro al que solía ir a matar la noche. Recuerdo mis manos desnudándola…. 
Espero que no se molestara cuando usé a Fermín. Soy diestro en el manejo de mi "asistente". Recursos de un afectado por la disfunción eréctil.

Oigo de fondo caer el agua de la ducha y me levanto como un resorte, notando una presión en mi miembro. Echando la vista abajo descubro otro lacito rosa.
El sonido de la ducha cesa y aparece una “diosa” que me dice:

-          ¿Te importaría que “Fermín” acabase la conversación que iniciamos anoche?

Ah !. Dios existe.

noviembre 12, 2010

EL PLACER PRIVADO DE MONICA




Sacudió el paraguas y el mal humor al entrar en al chocolatería. Un día de perros merecía un buen chocolate preparado en el mejor establecimiento de la ciudad.

     -Buenos días, un chocolate por favor.
     -Buenos días. ¿Dulce y con canela como siempre?

Mónica levantó la mirada para localizar el dueño de aquella voz. Una voz dulce y cálida que le caló hasta los huesos. Se perdió en unos ojos marrón glasé perdiendo además el equilibrio que casi le hizo caerse de la banqueta.

     -Perdón. ¿Cómo sabe como tomo el chocolate? Es una atención, desde luego, pero me sorprende porque usted no es..., usted no... , perdón no lo conozco.
     -Si, cierto. Piero, el camarero que le atiende a diario ha salido, volverá en unos minutos. Disculpe mi falta de educación, soy Marco, el dueño del local y el artífice de cuanto pueda degustar. ¿Me permite una sugerencia? Pruebe la tarta “Sentidos”, está recién horneada. Le pondré una porción y un buen café.

Mónica no podía bajar la mirada y apenas asintió con un gesto de su cabeza.
Probó el pastel y de inmediato, casi como un acto reflejo cerró los ojos y emitió un sonido más parecido a un gemido que a otra cosa.

El chocolate se fundía en su boca como una deliciosa mouse. Abrió los ojos y vio aquel espléndido hombre la miraba divertido. Se sonrojó y sin saber de dónde sacó la osadía siguió degustando aquella delicia paseando su lengua por la cuchara. Notó como se humedecía su entrepierna y sentía como se desinhibía completamente con cada chupeteo descarado del metal.
Sin dejar de mirarlo en ningún momento paseó su lengua por los labios con descarada insinuación.

Imaginó cómo sabría el chocolate en semejante cuerpo y le cayó un poquito de chocolate en su escote. Notó un tirón en el brazo que la impelía a bajar del banco y caminar hacía las puertas batientes de detrás del mostrador. Lejos de sentirse intimidada le excitó el contacto con Marco y lo siguió sonriéndole maliciosamente.
Entró una una habitación blanca con una gran mesa llena de recipientes y útiles de pastelería.
Marco empezó a desabotonar su blusa mostrando su sujetador de chantilly de color coral. El escote balconette le proporcionaba una visión perfecta de sus senos. Bajando la cabeza hacía ellos lamió la atrevida porción de chocolate mientras bajaba la cremallera de su falda.
Mónica estaba transportada a un mundo de sensaciones que tenía olvidadas, ya no recordaba la última vez que alguien la hizo sentir tan bien.

Con un brazo él retiró todos los cachivaches de la mesa y la sentó abriéndole las piernas y colocándose en tres ellas. Le acariciaba el pecho, ya no estaba su ropa interior y la tendió sobre la mesa mientras besaba desde su ombligo hasta su perfectamente depilado sexo.
Notó una viscosidad tibia en su piel. Marco le estaba embadurnando con chocolate tibio con una espátula de nailon como si de una gran tarta se tratase.
Cuando la tibieza cubrió el rosado botón y la lengua de Marco se empleó en él, la lujuria ya había hecho de Mónica su esclava.
Saboreó sus pezones, sus pliegues más íntimos. La penetró con la lengua mientras acariciaba sus muslos. Sintió que se licuaba, que le temblaban las piernas al ritmo de un orgasmo sensacional.

Entre jadeos entrecortados acertó a decirle – ven, ahora me toca a mí-...

     -¿Perdón? Señorita, ¿se encuentra bien? Perdone pero no entredí bien que me dijo. ¿No le gustó la tarta?, puedo sugerirle otra cosa...

Mónica cayó de espaldas desde el taburete de la barra. Quería morirse, ¿lo había imaginado todo?, sintió que se sonrojaba y no supo si se trataba por la vergüenza o por el espectacular orgasmo que, imaginado o no, para ella fue muy, muy real.

CARTA DE AMOR ENTRE BALAS





Zeita, Febrero 2004

Mi querido David, Alá te proteja y Javhé lo apruebe.
No sé si ésta carta llegará nunca a tus manos. Espero que Alá lo permita.Te escribo con lo poco que nos queda, como ves ya no tenemos papel y uso el reverso de un paquete de harina que guardé hace tiempo.
Tan cerca, al alcance de mi mano está tu moshav y tan lejos, separados por el maldito muro.

Me quedé con mi padre en las tierras de labor intentando que nos se perdiera el fruto de tanto trabajo y de que no murieran nuestros olivos centenarios y nuestro cítricos, única propiedad, como sabes, de mi familia. Ellos, mi madre y mis hermanos se quedaron en la aldea, A pesar de que nos separan escasos 200 metros, nos obligan a recorren 12 kilómetros hasta la puerta norte de Baga ash-Sharquiya para poder llegar a casa. No nos dejan utilizar el coche así que nuestro viejo burro es la única posibilidad aún a riesgo de que los soldados disparen. Matan a cualquier animal como una medida más de presión para que abandonemos nuestras tierras, si no lo hace una bala, lo hará el hambre y la desesperación. Los Bulldozers arrancan sin piedad nuestros cítricos y guayaberas dejando a su paso una tierra yerma, vacía.

David, mi amado David, no entiendo ésta catástrofe de odio y cinismo. No entiendo porqué se empeñan en hacer de nuestros hospitales y escuelas, fábricas de ángeles…..
Es tan fácil amar…. Ya sé que nuestro amor es tan imposible como la reconciliación de nuestros pueblos, pero es tan fuerte como el maldito muro que nos separa.


Por las noches miro al cielo y veo pasar las luces mortales y no puedo pensar en el dolor, sólo pienso en que me gustaría estar a tu lado, que me gustaría, que abrazados, pudiésemos ver las luces mortales como estrellas fugaces y desear…..
Desear el estar juntos por siempre, desear que tus besos no se acabaran nunca, que tus manos recorrieran mi cuerpo ya arrugado y blando por el paso de los años….
Me gustaría transformar el odio que siento por la humillación recibida en amor y lloro….
Lloro David por tu ausencia, por la falta de tus abrazos, por el amor sin cuerpos, por los hijos que no tendremos, por la vida que se nos escapa….
Lloro por tu pueblo y por el mío, condenados a entenderse y tan ciegos para no verlo.
Me gustaría tener alas y volar a tu lado y marcharnos juntos a un paraíso perdido en el que el amor fuera la única arma y la única ley.
Te amo David, y éste amor me duele cómo a ti, y a él me aferro cómo única salvación a ésta locura.
Te amo David, por encima de tu Dios y del mío, por encima del odio y la barbarie.
Te amo David, y una vida no bastará para cambiar lo que siento.

Tu Aysha.


PD. Te envío ésta “carta” a través del funcionario de la Cruz Roja, Alá lo proteja.
Por favor, hazle llegar tu respuesta, la espero con ansiedad.

EL BRILLO DEL ORO




Tengo diez años y ya he matado...


Como cada día, cuando aún la noche no ha decidido irse a dormir, nos levantamos mi hermana Mandy y yo. Ella prepara un cuenco de gachas calientes, única comida hasta que volvamos en la noche. Yo no veré el sol y Mandy se quemará bajo sus rayos. Yo trabajo en la mina y ella pide limosna en el mercado del pueblo. El frío es intenso a esas horas y se filtra entre las tablas de la chabola. Mandy hace lo que puede por mantener la casa caliente y limpia desde que murió mamá.
Al salir me espera Don Florencio en su camioneta junto con los otros, niños como yo. Todos en silencio como muertos sin voz. Mandy me dice adiós desde la puerta y yo le envío un beso con la mano, de espaldas, no quiero que me vean.

Hace días que Don Florencio viene a buscarme hasta la puerta y saluda a mi hermana pasándole la mano por la cabeza y el hombro. Cada día se entretiene mas con ella y cada día me gustan menos las miradas que le dedica. A la luz del candil puedo ver el brillo de la maldad en sus ojos. Un brillo frío como el del oro que sacamos en la mina. Todos le tenemos miedo. Usa el látigo y el bastón cuando estamos tan cansados que sin querer el pico se nos cae de las manos y los brazos se niegan a seguir. Él nos “ayuda”, dice, a espabilar.
Ésta mañana le pidió agua a Mandy y entró en la chabola con ella. Yo quise entrar también y me dio un golpe tirándome al suelo y amenazándome con el bastón.
Oí gritar a Mandy y asomándome por la ventana vi que don Florencio la golpeaba y le tapaba la boca. La tiraba sobre el jergón y él se tiraba encima de ella. Mandy luchaba y lloraba a gritos y se retorcía bajo su cuerpo.
Yo no entendí bien que estaba pasando pero sabía que mi hermana estaba en peligro.
Corrí hasta la camioneta y cogí un pico de la mina. Sin pensarlo entre en mi casa y sin darle tiempo siquiera a ver qué estaba pasando, le clavé el pico en la cabeza, tan fuerte como nos decía que lo teníamos que clavar en la roca.
Mandy dejó de gritar y me miró con los ojos llenos de miedo, ese miedo que yo conocía tan bien, ese miedo que había sido mi compañero desde hacía cuatro años.
-Deja de llorar Mandy. Se acabó, ya nunca te hará daño.

Los otros chicos se asomaron a la entrada y entre todos lo llevamos hasta la camioneta. Tiramos la furgoneta por el barranco y se incendió.
Cada cual salió corriendo para su casa y nosotros decidimos escapar. A lo mejor encontraríamos una buena gente que nos ayudara. Si nos quedábamos, otro Don Florencio aparecería al día siguiente.

¡Hay tantos Don Florencios!...