Tú que ahora estás leyendo ésto no esperes encontrar relatos de calidad, ni brillantes ni siquiera originales.Es mi rincón, el lugar donde dejo fluir mi imaginación, mis sentimientos y la tapadera que guarda mi esencia.Gracias por entrar en mi rincón, siempre serás bienvenido.

septiembre 17, 2012

VERONICA



“Volver con la frente marchita…sentir que es un soplo la vida…

A diferencia de la letra de Gardel yo no tenía miedo de volver. Tenia la maleta llena de recuerdos, de ilusiones, de imágenes de un pasado que en mi nunca había marchitado.
Volvía a casa, volvía a mis calles, a mi paisaje, a mis olores y colores, a mi infancia y a mi interrumpida adolescencia.
Volvía para abrazar a mi pasado y a mis amigas y a reencontrarme con la que fui y tal vez cerrar un círculo doloroso.
Quince días quizá no bastaran pero para mi eran toda una vida. A mi regreso me esperaría mi hogar, un hijo mayor e independiente y un hombre casado con su trabajo pero al que adoraba.
Estaba a punto de realizar un sueño largamente esperado. Miles de kilómetros entre mi realidad y mi pasado. Todo estaba pensado, estudiado al milímetro. Mil planes que como todos los planes se tuercen en algún momento.
En el aeropuerto de Ezeiza debía recibirme Julia, mi querida amiga Julia. Sentía mariposas en el estomago imaginando el reencuentro. Pensaba en el abrazo que nos daríamos y en las lágrimas que derramaría de pura emoción.
La conexión de vuelos impediría que Julia pudiera recibirme y entre las dos convinimos que lo mejor era que un taxi me llevara directamente al hotel en el que 24 horas después nos encontraríamos.
Empecé a buscar entre el gentío de Llegadas Internacionales algún cartel con mi nombre y el nombre de la compañía de taxis que había apalabrado y me sorprendió un ligero toque en mi hombro. Me di la vuelta y me perdí en unos estupendos ojos verdes.

¿Verónica?, me dijo. Soy su taxi.
Me sorprendió que me reconociera entre tanta gente y la curiosidad me hizo preguntarle como me había reconocido. Julia era la culpable. Matías era amigo suyo y le pidió que fuera a buscarme. Le dio unas cuantas indicaciones sobre mi físico y mi inconfundible, según el, melena negra.
No puedo explicar como, de repente, hablas con un extraño como si lo conocieras de toda la vida. Quizá fuera mi propia excitación o la determinación de que ningún contratiempo iba a arruinar mi viaje pero así sucedió. Salimos del aeropuerto entre risas y parloteo incesante. Me llevo al hotel y me dejó una tarjeta con su nombre y teléfono por si en días sucesivos lo necesitaba para moverme por la ciudad.

Antes de subir a mi habitación quise comprobar que el roaming de mi teléfono estaba activado y marque el número de su teléfono para confirmarlo. Nos despedimos sin más.

Una vez en la habitación no podía quitarme de la cabeza esa mirada, aquella sonrisa que había movido hilos extraños en mi interior. Achaque esos pensamientos al largo vuelo y a la emoción del momento y decidí que una ducha y un café me devolverían el equilibrio.
Pasarían algunas horas hasta que pudiera reunirme con mis amigas y decidí matar el tiempo en la cafetería, hojeando los periódicos de mi país.
Me sorprendió el pitido de mi móvil que anunciaba un mensaje entrante:

-¿Te has dejado unas gafas de sol en el taxi?
- No pero gracias, respondí.

Otro pitido:


-          ¿Nos volveremos a ver?
-          No se.

Otro pitido:

-¿Que es eso, una sorpresa? Me encantan las sorpresas.
- Toda yo soy una sorpresa, conteste.

Que demonios estaba haciendo, estaba flirteando con un hombre al que no conocía pero por alguna razón que no acababa de entender no me parecía mal ni tenia ningún sentimiento de culpabilidad ni nada parecido. Me sorprendió darme cuenta de que en realidad me moría por verlo.

Esa noche llegaron Gala y Karina, mis otras amigas. Paseé con ellas, reí, hablé y hablé hasta que de madrugada nos retiramos al hotel. Estaba cansada pero feliz. Por la mañana temprano llegaría Julia y estaba impaciente por empezar mi viaje a mis recuerdos con ella, con ellas. Sin embargo Matías sobrevolaba todo el tiempo en mi pensamiento.

Supongo que luego el destino y mi absoluta curiosidad jugaron su papel. No recuerdo exactamente cómo o quíén dio el primer paso pero recuerdo que el primer día que quedamos para tomar un café el tiempo voló. Tres horas nos parecieron segundos y de camino al hotel todavía hablamos dos horas más en el interior de su coche.
La intimidad que habíamos alcanzado en tan poco tiempo era increíble y casi al final de esa noche mientras Matías jugaba con uno de mis mechones azabache me miraba y me miraba. Me hacia sentir absolutamente especial. Le dije:
-          Te mueres por darme un beso, ¿verdad?

El me miró y me dijo que podría estar así hablando y riendo conmigo. Que el momento era mágico tal y como era. En ese momento sentí miedo.
Seguimos hablando y su boca cada vez estaba mas cerca. Cuando intento besarme lo frené:
-          No, dije
-          ¿Por qué?
-      Porque a mi solo me va a besar un hombre que se muera por hacerlo, repliqué.

Paso el brazo que jugaba con mi pelo por detrás de mi nuca y me abrazó. Me besó con pasión, con ternura, con dulzura… Entendí que debía salir de esa locura transitoria y bajé del coche. Antes de entrar en el hotel me volvió a besar sin medida contra la pared de la entrada. Me besaba, me abrasaba por dentro, me decía que no podía dejarme marchar que era adictiva que nunca había sentido así por una mujer.
Me podría haber muerto en ese momento y no me habría pesado. El aire era fresco y limpio, su boca sabia genial y en sus brazos me pareció encontrar una paz que ni siquiera sabia que necesitaba. Nos separamos casi al amanecer con la promesa en los labios de más.
Por las mañanas disfrutaba con mis amigas y por la noche salía con él. Paseábamos por la playa con las manos entrelazadas como dos niños enamorados, jugando, riendo y besando, sobre todo besando.
Disfrutábamos de la conversación, del paseo, de la música en directo de un bar de moda, del susurro de las olas o de la luna y su magia, disfrutábamos de todo y de nada.

Le conté lo que estaba sucediendo a Julia y lejos de reprenderme o de juzgarme me dio un sabio consejo. Me dijo que disfrutara del momento porque vivir momentos de felicidad era un regalo que no podía desperdiciarse, pero también me dijo que no me dejara el alma porque cuando uno la empeña difícilmente puede rescatarla sin arañazos.
Mi alma, creía yo, estaba a salvo muy lejos en mi querida isla, en mi hogar. Mi realidad me atraparía como el hambre a un mendigo en cuanto mis vacaciones concluyeran.
Yo me juré que no me enamoraría; es más creía que a estas aturas de mi vida no era posible porque mis cimientos eran sólidos y me dije a mi misma que trataría de exprimir lo que la vida quería regalarme. Estaba dispuesta a dar un paso más a probarme a mi misma que podría jugar con fuego y no me quemaría.

Matías me pidió que fuéramos a su casa  y acepté. Era una calurosa tarde de verano y se dirigió a la cocina a preparar un café con hielo. Se quitó la camisa con una familiaridad y una intimidad que me desmontó. Lo abracé por la espalda y acabamos enredándonos entre prendas de ropa que volaban. Hicimos el amor encima de la mesa de la cocina, en la silla, contra la pared…parecíamos dos locos de amor. Llegamos hasta su dormitorio y volvimos a hacer el amor de una forma más pausada, más tierna, más madura.
Se quedó dormido de madrugada abrazado a mí, profundamente dormido y sin embargo sin soltarme como si temiera que al darse la vuelta desapareciera. Yo no podía dormir, lo único que podía hacer era mirarlo y acariciar su cabello, la piel de su pecho, su cuello…
Cuando el sol empezó a espiarnos por la ventana  lo desperté con mil besos, rocé mi cuerpo contra el suyo excitándole, lamí su piel centímetro a centímetro. Quería grabarme a fuego en sus venas, quería que aquella locura que compartíamos se le metiera en la sangre y no pudiera volver a ver y tocar a una mujer sin recordarme. Que nunca pudiera vivir otro amanecer sin pensar en cómo me brillaba el pelo o mi piel excitada por él.
En mitad de aquella locura de pasión me tomo la cara con ambas manos y muy bajito, mirándome a los ojos me dijo:
-          Por  Dios, yo quiero una mujer como tú.

Después de aquello hablamos. Él me preguntaba qué haríamos con lo que había entre nosotros y yo le respondía que disfrutar el momento, ser felices, vivir un sueño. Nunca le diría que me había enamorado como una colegiala, no tenía sentido.
Siempre fuimos honestos el uno con el otro. Nunca hubo mentiras. Él sabía cuál era mi situación y yo sabía que él pasaba por un momento difícil en su relación. Recién separado y sin las ideas todavía demasiado claras con respecto a su pareja y a su futuro.

El tiempo pasó rápido, cruel. Después de ese encuentro ya no pudimos vernos sin demostrarnos con la piel lo que el corazón nos pedía. La química era tan fuerte y la  pasión tan fuerte que era imposible no acabar el uno en brazos del otro, uno dentro de otro como si deseáramos fundirnos para siempre.

Mis vacaciones tocaron a su fin, debía regresar a mi mundo. Me pidió que lo llamara al llegar y lo hice. Me pidió que le dejara mi dirección o mi número de teléfono, me pidió que le dejara luchar por mí y diciéndole un  “te amaré siempre” colgué.
Lloré mil lágrimas pero me recordé a mi misma cual era mi obligación, cuál mi realidad. Recordé las palabras de  Julia y advertí que mi alma se había vuelto peregrina porque a pesar de que había regresado mi alma se había quedado a miles de kilómetros pegada a la sombra de Matías.

Le llamé un par de veces más, le escribí una carta sin remite y le regalé una brújula con una inscripción  que decía: “Ningún lugar es demasiado lejos”.
Le dejaba trocitos de mí pero no quería que luchara por mí. Esa batalla estaba perdida.

Me juré que no lo llamaría más que no averiguaría de él a través de Julia  porque la sola idea de que pudiera estar compartiendo el aire con otra mujer me partía en dos. 
Pasó el tiempo y no podía dejar de pensar en lo que me dijo Matías en el aeropuerto antes de partir.
No podíamos quitarnos las manos de encima, no podíamos dejar de devorarnos  y buscamos un lugar en un baño apartado para amarnos con una locura voraz, como si el mundo fuera a acabarse en aquel preciso instante.  Después de un orgasmo fantástico, dulce y también triste, con los ojos húmedos me dijo:

-          Te encontraré. Estoy seguro de que la vida volverá a ponerte en mi camino y cuando eso suceda no te dejaré escapar.

Rompí mi promesa y hace poco le pedí a Julia que llamara al número que tenía de él. Necesitaba saber, necesitaba creer que todavía estaba en mi mundo. Julia lo intentó pero el número ya no estaba operativo y se había mudado de dirección. Ya no tenía manera de encontrarlo, lo había perdido definitivamente.

Ahora, muchas noches, cuando la casa se queda silenciosa cierro los ojos y recuerdo su tacto, su piel, su sabor y me muero por volver a tener la sensación de volar, esa sensación que siempre tuve entre sus brazos.

Volví de mi viaje habiendo cerrado círculos de mi niñez, recomponiendo el puzle de mi adolescencia, devolviéndome, renovados, los colores y olores de mi pasado y añadí a mi recuerdo un tiempo pasado con él.

No somos conscientes de la soledad que nos envuelve hasta que alguien, por azar, nos rescata de ella. Siempre he creído que las personas tenemos mil aristas y que con el tiempo van redondeándose hasta que en tu final te conviertes en una esfera preparada para fundirse con el universo.
Tampoco somos conscientes de que el amor tiene mil caras, de que eres capaz de amar a dos hombres y no estar loca, de que no te das cuenta de que estás viva hasta que una locura de amor te desvela la mejor o la peor parte de ti. Te sacude los cimientos y te despierta del letargo en el que se ha convertido tu vida.

No me arrepiento. No puedo ser hipócrita conmigo misma y reducirlo todo a una aventura de verano de una madura. Lo que viví fue algo extraordinario y agradeceré hasta el día de mi muerte el regalo que fue.
Añoro muchas cosas: la ternura infinita, la pasión desbordante, y la honestidad con que dos personas, sin ninguna necesidad de enamorarse lo hacen y además son lo suficientemente valientes para no decirlo.

A veces me siento exhausta de tanto quererlo. A veces me siento como la golondrina que intenta besar el pico que ve reflejado en el cristal de una ventana.
A veces el amor duele, sólo a veces.



septiembre 09, 2012

En el riesgo está el juego, ¿ no?.


Vi ésta fotografía y enseguida recordé un texto que hace mucho tiempo escribió Victor H. Flores. Cuando lo leí me pareció triste aunque real y siempre quise darle un final distinto. Ahora lo he hecho.


Aquí os dejo el enlace de ese precioso texto. No se entendería el uno sin el otro. Echarle un ojo, a mi me encanta.








Mi viejo amigo decía que todos, alguna vez, somos caballitos de madera en un carrusel de feria.


Hubo una vez uno de aquellos caballos que decidió salir del eje que lo tenía sujeto a un circulo sin fin. Estaba cansado de ver y no alcanzar a otra montura que le había robado el corazón y que a su vez perseguía, sin fin, otro sueño. Decidió que si podía ponerse ante él, que si podía hacerle saber que tras él existía alguien que estaba dispuesto a dejar de jugar el papel que la vida le había dado y arriesgar, caería sin remedio entre los pétalos del millón de flores que le prometería. Decidió que si le podía dar la libertad le seguiría con los ojos llenos de futuro por compartir.


Cada día movía su cuerpo de madera con pequeñas sacudidas casi imperceptibles. Poco a poco aprendió a mover el eje y a paralizarse para que nadie pudiera volver a sujetarlo y desbaratar su plan. Deseaba tanto tocar aquellas crines negras y sedosas, poder olerlo, tocarlo, besarlo que entendió que la paciencia era su aliada y que el esfuerzo, el riesgo, la voluntad y la determinación darían resultado.


Creyó que el amor lo podría todo, que con uno que amara y enseñara a vivir sueños al otro, bastaría. Creyó que en la vida sí hay segundas oportunidades, que la vida sin riesgo no es vida, que hay que saltarse las reglas si con ello se logra la felicidad.


Y cada día, en cada vuelta, movía un poco más la base que lo sujetaba a una realidad que no quería. Cada día, poco a poco estaba más cerca de un futuro distinto, de una aventura que le producía vértigo.


¿Bastaría todo el esfuerzo, todo el amor y todo el deseo para que el objeto de sus sueños quisiera compartir esa aventura con él?


En el riesgo está el juego, ¿no?

agosto 04, 2012

Palabras rotas


Tenía tan poco de ti que hasta ese poco perdió.
Tenía tus palabras, que ella creía para sí aunque nunca lo fueron , y que le hacían soñar. Pero las palabras se rompieron una calurosa tarde de verano.
Y es que mientes tan bien que las mentiras saben a verdad tímida, a verdad deseada, perseguida tanto tiempo. Ella ,que tanto tiempo tuvo cerrado el portón de su corazón, que tiró la llave sin querer que nadie la encontrara jamás, que le costó años recomponer los trozos que otro antes que tú destrozó, ella que vivió sin esperar nada, sin buscar nada, tuvo que encontrarte a ti.
¿Quién sabe cómo o dónde encontraste esa llave?, ¿cómo fundiste  la coraza que tanto le costó fabricarse?. El amor es un juego peligroso siempre y tú jugaste a probarte que eras capaz de enamorar a aquella que te lo puso difícil.
Jugabas a que podrías, a tu edad, hacer temblar a una mujer de deseo. Jugaste a hacerte el débil hasta tejer una manta de mimos que ella te fue regalando entre susurros, entre besos culpables, con caricias que poco a poco desataron el nudo de su soledad.
Tus palabras eran poco más que papel mojado y ella las creyó. Empezó a construir un futuro junto a ti, pensó que por fin había llegado el momento de ser feliz, creyó en ti como nadie jamás lo hizo. Te dio rango de caballero y has resultado ser un patán.
Pero créeme, llorarás mucho más de lo que ella lo hace. Un día te darás cuenta de que en el juego el único que perdió fuiste tú. Verás que has tirado por la borda la única tabla de salvación para tu patética vida. Llorarás tu estupidez y sabrás que jugar al amor con las cartas marcadas siempre acaba con un balazo en el corazón.
Ella … ella volverá a recoger los trocitos, cada vez más pequeños, de su corazón y los envolverá de nuevo en un lienzo de terciopelo rojo de pasiones muertas. Y quien sabe si un día, ojalá muy pronto, pueda darle a quien merezca lo que tú pisoteaste sin valorarlo.

junio 22, 2012

LA CONDESITA III


Oigo pasos en el corredor. Son pasos firmes, seguros, no el arrastrar cansado de los pies de papa. Se detienen frente a mi puerta. El ruido que provoca mi corazón alterado me sube hasta los oídos y no me permite captar el silencio detrás de la puerta o su respiración o mi nombre dicho en un susurro.
Nunca he estado tan excitada.

La expectación que ese hombre ha provocado en mí, me está volviendo loca de deseo. “Entra, entra, ven a mí, ven a mí“, repito una y otra vez mentalmente como embrujo.
No puedo mantenerme esperando, sentada. Voy a abrir la puerta y algo se me ocurrirá si sigue detrás de ella o sencillamente lo agarraré del lazo de su elegante corbata y lo arrastraré hasta mi cama.


A medio camino la puerta se abre sin más y sin hablar alarga el brazo, tomándome por la nuca para secuestrar mi boca. Un beso largo, profundo, abrasador que me dobla las piernas y convierte mis pezones en diamantes. Separo mi boca de la suya aun cuando se me escapa un gemido de pesar, para mirarlo a los ojos directamente, sin rubor. Es una lucha de poder. Él toma uno de mis senos y yo bajo mi mano a su entrepierna y aprieto su bulto. No dejamos de mirarnos, Todavía no se ha pronunciado ni una palabra entre nosotros, no hace falta.
Me besa el cuello, el hombro: desliza mi camisón y sigue torturándome con su boca hasta llegar a lamer mis diamantes. Mi mano se vuelve más exigente y le acaricio de un modo provocador, casi insultante. Ahora es él que se separa y me alza sobre su cuerpo. Mis piernas rodean sus caderas y el centro de mi palpitante sexo cae justo en la base de su masculinidad fuerte, dura, caliente.
No sé cómo hemos llegado a la cama, pero de repente me doy cuenta de que se está desnudando y de que ata mis brazos a los postes de mi cabezal con las sábanas.

No quiero sentirme vencida, no quiero que piense que soy una más de sus mujerzuelas a las que seguro somete sin compasión. Me rebelo pero él me pone su cuerpo entre mis piernas, separándolas y sin compasión lame cada centímetro de piel sin llegar a mi sexo. Mis gemidos suben de nivel y se van haciendo cada vez más roncos. Él levanta la cabeza pone el dedo índice sobre sus labios y me ordena silencio con una mirada que haría temblar a cualquier doncella pero que a mi me abrasa.

Sube despacio por mi cuerpo y  me susurra al oído  “yo te daré lo que buscas. Mañana creerás haber soñado esta noche pero tu cuerpo te dirá la verdad. Nunca después de mi volverás a quedar llena. Te marcaré a fuego y serás mía y sólo mía… “
Pronunció mi nombre y entró dentro de mí sin dulzura, con pasión, sin dolor, con una fuerza no exenta de cierta ternura…
Todo lo que había soñado de él empezaba a realizarse. Sólo ruego al diablo que me permita devolverle el mismo sometimiento a él.



junio 18, 2012

Ahora

Ahora, 
ámame ahora.

Como sepas, 
como puedas,
sin medida 
con locura
sin tiempo
sin espacios
despacio
con ternura

Ámame ahora
pues mañana 
quien sabe qué arena
bañarán tus olas.

Ámame ahora,
Ahora.

junio 07, 2012

EL COLECCIONISTA


Según el psicólogo Ricard Cayuela el coleccionismo es una necesidad vital ligada a aspectos de la personalidad. Tienen características propias aunque no se pueda hablar de un patrón único. Son ordenados y cuidadosos y se da también cierta posición obsesiva sin caer en la patología, directamente relacionada con lo que se colecciona  existiendo además una vinculación psicológica.

En todos ellos existe, además, una característica común: siempre tienen la necesidad de cobrar y adjuntar una nueva pieza.
 Hay coleccionistas de todo. Piensa en algo, cualquier cosa y alguien habrá que lo coleccione. Sellos, relojes, trenes, botellas de cerveza, insectos, música, preservativos, aviones de guerra…
Yo me he encontrado con algún coleccionista especial: colecciona personas. Si, ya se que no son / somos objetos y que seguramente el sujeto en cuestión no es consciente de su necesidad de coleccionarlas, pero lo hace.

Necesita de ellas para entender su posición en el mundo, para reafirmarse como ser humano. Los observa, los estudia, los atrae… Cuando se convence de que su presencia se les ha hecho necesaria porque se ha establecido algún vínculo de tipo emocional, cuando entiende que se ha convertido en una pieza esencial en sus vidas sencillamente los archiva y los olvida. Pasa a ser de pieza codiciada a un estorbo.

Si por el contrario el objeto de su deseo no acaba en su colección sencillamente lo desprecia.

A lo mejor no se trata de un coleccionista al uso porque tampoco, al final, obtiene un verdadero bienestar emocional, todo lo contrario. A lo mejor no es coleccionismo y sí un trastorno de acumulación. Una especie de Síndrome de Diógenes de almas.


junio 06, 2012

CASTILLOS EN EL AIRE


Quién dijo que no existen los castillos en el aire?
Quién, que no se puede tener la cabeza entre algodones mientras los pies siguen pegados al empedrado del suelo.
Quién dijo que la imaginación es pecado, los sueños una enfermedad o el amor a una sola voz, una locura.

Quién no ha abierto una ventana de magia alguna vez y se ha tirado al vacio sabiendo que el propio vacio era la recompensa.


Y qué?.

Yo quiero seguir enferma de sueños, loca de amor  y pecar, seguir pecando sin medida,sin freno. 
Yo quiero llenar la vida de color y seguir alcanzando, aunque solo sea con la punta de mi arcoiris, a aquellos que no tienen más que grises.

No me calces de cordura si yo quiero caminar con los pies descalzos. Déjame seguir construyendo mi castillo en el aire. También hay sitio para ti. ¿ vienes?.

abril 25, 2012

LA CONDESITA II


El día se está haciendo interminable. No veo el momento en que, acabada la cena, el dulce barón quiera seducirme.

He dado orden a mi camarera de que prepare el bebedizo que tantos buenos resultados me ha proporcionado desde hace un tiempo. Mi ama de cría, Maruna, me confió la receta cuando viendo que ningún varón saciaba mis apetitos, mis ansias, me consumía el deseo insatisfecho.



Ginebra, leche fresca de coco, jengibre recién rallado y pernod. Ahí estaba el secreto para hacer que el sable del barón no perdiera el filo en toda la noche. Bendita Maruna. Nadie como ella ha sabido entender que a través de mi cuerpo es de la única manera que puedo rebelarme a mi cárcel de oro y a un ambiente que me asfixia. Siempre sometida a la voluntad masculina aprendí que mi cuerpo era la herramienta para someterlos, a ellos, a mi voluntad. 

Mi padre es el primer afectado de mi actitud, aunque aun no lo sabe. Claro que no me follo a mi padre pero cuando lo hago con otros siento que mi victoria sobre él está más cerca. Quizá fuera así al principio o quizá es mi explicación a mi calentura sin límite pero ahora mis ansias me superan y no encuentro varón que pueda satisfacerlas. La petite mort se ha convertido para mí en la más dulce de las drogas. Alcanzar esa pérdida de conciencia inmediatamente después del coito me vuelve loca. Quiero más, siempre quiero más…

He dado instrucciones de que se obsequie al barón con el elixir justo después de la cena, cuando los caballeros se retiran a fumar a la biblioteca. Yo esperaré al final de la escalera. El efecto es casi inmediato y la necesidad de envainar su sable le hará buscar la mejor vaina. Y esa soy yo. Ya noto la humedad entre mis piernas, noto las palpitaciones de mi sexo. Esperaré, queda tan poco…

Las miradas en la cena han sido tímidas al principio jugando al gato y al ratón. Me miras, bajo la mirada despacio, no me miras te busco yo, paseando la cuchara de la sopa por mis labios, relamiendo, casi como una niña, la comisura de mi boca con la punta de la lengua. Al final nos devorábamos con los ojos, ya lo tenía en el punto perfecto. Ahora el elixir de amor lo llevaría hasta mi cama.

Se retiran... Mi padre me ha llamado la atención sobre mis modales. Casi me ha obligado a retirarme a mis aposentos, justo dónde yo quiero estar.
Maruna ha salido de la habitación y me ha susurrado al oído que no olvide la esponja empapada en vinagre para evitarle un vástago al barón y un disgusto al Conde ,mi padre. Siempre me prepara dos jofainas: una con la esponja del tamaño de una cereza que tengo que introducirme bien adentro y otra con agua caliente y especias que lo volverá loco cuando quiera cobrar su pieza, no podrá parar de lamer y chupar y él también querrá más y más.


*IMAGEN: óleo de Francisca (Fung Kau) Cheng. CEGUERA

LA CONDESITA . I


Soy puta. Bueno en realidad soy hija de un conde de rancio abolengo, de más rancio que abolengo. Mi padre busca sin descanso un partido para su hija virgen. Yo que no quiero someterme a varón alguno los espanto a las primeras de cambio usándolos. 
Al principio tenía ciertas reticencias cuando algún amigo, igual de rancio que el Conde, pretendía a la dulce niña pero ahora ya no hago ascos a ninguno.Todos son iguales cuando llegan a la cama. Todos se pierden por mi carne blanca y mis ojos violetas. Todos quieren enseñar a la frágil niña y todos se van con una lección. Mi maestro , el mozo de cuadras, hizo bien su trabajo. Enredados entre el heno y a base de fusta me enseño a montar y a dejarme montar. Me enseño como hacer que un hombre, por muy importante que fuera, comiera en mi mano. 


Todos callan porque con la virtud de la hija de un conde no se juega y yo he aprendido muy bien el papel de virgen deshonrada y enamorada en la primera cita y de meretriz en la segunda. Nunca hay una tercera, nunca quieren. 

Esta noche me presentan al hijo de un Barón. Un dulce muchacho al que acabo de sorprender enculando a la primera criada. Se presenta una interesante velada.

 Quizá hoy no juegue a la dulce virgen, estoy harta. Quizá esta noche juegue a ser quien soy una zorra insaciable. Me vestiré de rosarios y luna…

abril 10, 2012

VIENTOS


Soplan vientos de cambio. Ahora los identifico con mucha más claridad; serán los años o las veces que el mismo viento me ha dado en la cara. Calido a veces, gelido las más, tiene un olor especial. 

Huele a cesped recien cortado, a asfalto después de la lluvía, a tierra mojada. Huele a sueños rotos y a necesidad de sobrevivir. Huele a esperanzas quemadas como la raiz de una vid. La vid es resistente, muy resistente. La raiz parece muerta pero si sabes sajarla en lo más profundo sigue verde, vive. 

Al principio te dejas llevar por ese viento sin saber bien dónde te lleva. Despliegas las velas para que se hinchen por el deseo de escapar o por la aventura de lo nuevo, de lo que está por llegar. Luego, poco a poco, vas arriando según convenga. Te equivocas mil veces y mil veces rectificas el rumbo. Crees llegar a puerto y no es más que un descanso en el camino.

El viaje es largo y duro. Nadie dijo que fuera fácil encontrar lo que se busca aunque lo verdaderamente dificil es saber qué se busca y valorar lo que se encuentra.
Espero viento de popa, cálido y suave que me empuje a playas cristalinas y calmas, pero si el viento que me sopla esta vez es de los que te calan los huesos espero que no me hiele el corazón.

Dejo atrás lo que no quiero llevarme. Mi equipaje es ligero pero importante. Me llevo sólo lo que me haga recordar lo bueno, lo fantástico que ha sido hasta ahora mi camino.
Dejo luces como migas de pan y rezo para que si tengo que volver algún día el viento no las haya apagado.



abril 03, 2012

Jacaranda



Paseo, la lluvia arrecia. Sacude las jacarandas que protestando alfombran de violeta mis pasos. Me castigan con su perfume que me arrastra a una tarde ya lejana.
Me pregunto si el olor se habrá pegado a tu recuerdo como al mio.
Una tarde cálida, un banco bajo un precioso árbol florido y una hora, la hora en que por fin los ojos, las manos, la piel dejaron de ser promesa.

Parecíamos niños en el primer día de escuela. Tanto que decir y las palabras negándose a salir como si fueramos puros espejismos.
No recuerdo quien le dio la mano a quien, no recuerdo quien abrazó primero a quien. Recuerdo el perfume de las flores mezclándose con el tibio olor de madera y limón de tu cuello. Recuerdo que no pude retener las lágrimas, que tomé tu cara entre mis manos y te besé. Mi corazón latía tan fuerte, tan vivo que casi hizo que me perdiera lo que me pareció el sonido más bello del mundo: tu voz .


Empezó a llover como hoy y nos pareció lo más maravilloso. Nos pareció que el cielo se había emocionado tanto como nosotros...


Llueve y mi corazón te extraña. Llueve y la distancia duele. Llueve y sigo esperando la promesa de tu vuelta. Me queman en la boca los besos que me debes, que nos debemos. Las manos están vacás sin tu cuerpo. No tardes, te espero...

marzo 06, 2012

Un instante


Todo puede cambiar en un instante. ¿ Seguro?-
Dar pasos en una u otra dirección es siempre complicado si tus maletas están llenas y pesan demasiado.
¿Cuál es ese instante? ¿ Aquel en que tomas un avión con destino imposible, dejando atrás todo por lo que has luchado tantos años?, ¿ aquel en que después de mucho tiempo, te armas de valor e invitas a café al hombre que día tras día te sonríe y te saluda en el metro?, ¿ aquel en el que por primera vez dices si a las pretensiones de otro en tu trabajo…?, ¿o ese otro instante en el que decides liarte la manta a la cabeza y marcharte a un pueblo perdido en el que el único ruido es el viento soplando entre los árboles?.
Necesito unas vacaciones. Creo que poner las ideas en orden es un trabajo agotador.
Los sueños y las realidades se mezclan haciendo de tu vida un tobogán constante-…

Lena, tomaba café en un Starbucks mientras dejaba volar sus pensamientos. Sus ideas se convertían en volutas de humo, tan pronto las pensaba, desparecían.

Se sentía vacía, atrapada en una rutina asfixiante. El amor empezaba a mostrar signos de debilidad y es en ese momento, cuando cualquier cosa o circunstancia banal puede cambiar el rumbo de las decisiones. Sabía que tenía que tomar un camino nuevo.
No había sido nunca cobarde. El miedo te corrompe y en estos momentos de su vida, el miedo era el capitán de su travesía., el carcelero de sus emociones.

Era un bicho dormido en su interior, que despertaba y la atenazaba cada vez que intentaba salir de su celda de barrotes de oro.
El miedo te hace más fuerte, poco a poco, sin que se de cuenta, pronto tendría las armas suficientes para vencerlo y en ese momento y no en otro hallaría las fuerzas suficientes para liberarse.

Estaba oscureciendo. Las luces navideñas se encendieron dándole a la calle un aspecto de falsa felicidad. El café estaba ya frío y el cenicero lleno. Tenía que marcharse, tenía que volver a su casa, a sus cosas...

Pequeñas decisiones, pensó, que pueden cambiarte la vida.

-Empezaré por una idea absurda, quién sabe… Voy a volver en tren… que estupidez, como si esa tontería fuera la llave, cómo si en ese viaje se diera el instante en que todo cambiara…-

¿Quien sabe? Dirigió sus pasos hacia la estación y se perdió entre la marea humana que a esas horas abarrotaba los andenes.

febrero 09, 2012

Dialogos de "Vampiros de Autoestima" I

- ¿ Qué has hecho con mi ternura?
- La quemé con la ironía.

- ¿ Qué has hecho con mi confianza?
- La perdí en la última borrachera de mentiras.


- ¿ Qué has hecho de los recuerdos?
- ¿ Qué recuerdos?. Eran tus recuerdos. Para mi eran minutos muertos.


- ¿ Qué harás cuando tu estrella pierda el brillo?¿ Qué, cuando el viento de la soledad amenace con helarte y necesites el brillo, la luz y el calor de otra que te comprenda?


- Nada o lo que acostumbro: buscar otra que como tú esté dispuesta a dejarse vaciar.





( Dialogo de " Vampiros de autoestima " de March Güeris )

febrero 03, 2012

RENUNCIA





Nada supo mejor que tu boca que aun sin probarla quemó la mía.
La promesa de un beso que nunca llegó, que nunca llegará aparea mariposas infinitas en mi estómago, desploma mi alma que se viste de acero pulido.

Renunciar a ti serenamente como renuncia la piedra de río a seguir la corriente y como la piedra de río vivir sin ti pero contigo.
Renunciar como lo hace el loco con su cordura o un buque sin timón frente a un faro; como el minero a la luz o un perro hambriento a la carne de su hueso roído.
Renunciar por imposición sin que intervengas, sin que lo sepas. Renunciar como solución a un problema absolutamente mio.

Ver como vuelas lejos, alto y anidas en otro pelo , libas en otro ombligo, ardes e incendias otra piel. Pensar en como tu mano se despereza buscando el calor de otro cuerpo a tu lado, en tu cama. Sentir que tu miradas ya no serán nunca más mías porque jamás lo fueron o que tus palabras susurradas al oído alimenten otra alma como hicieron con la mía.

Y sencillamente ser feliz porque tú lo eres. Renunciar sin más. Renunciar por amor que es la forma más dura de amar y no morir de realidad.