Tú que ahora estás leyendo ésto no esperes encontrar relatos de calidad, ni brillantes ni siquiera originales.Es mi rincón, el lugar donde dejo fluir mi imaginación, mis sentimientos y la tapadera que guarda mi esencia.Gracias por entrar en mi rincón, siempre serás bienvenido.

mayo 13, 2011

EL MENSAJERO DE LA LUZ



Nací en un ataúd. Puede sonar raro, no, de hecho suena raro pero es la verdad.
Este hecho marcaría mi vida como una tara física invisible.
Mi pobre madre padecía una rara enfermedad que llamaban catalepsia y cuando estaba próximo mi nacimiento sufrió un ataque y la dieron por muerta. La enterraron con pompa y boato, hasta plañideras tuvo y por supuesto la mejor caja que se pudiera imaginar. Mi padre, un experto y capacitado carpintero de ataúdes eligió el mejor. Además de ser el mejor carpintero de la comarca era hombre preocupado y despierto y siempre sospechó que los males que aquejaban a su bella esposa un día le traerían un disgusto.
En su preocupación por ser el mejor en su trabajo recorría los pueblos cercanos para ver cómo se desempeñaban sus colegas y de uno de ellos copió el invento que a la postre me salvó la vida.
Su colega había inventado un dispositivo simple pero efectivo. Un fino agujero en la tapa para pasar un cordel que atado a la mano del difunto podría mover una campanilla que se situaba en el exterior de la tumba en caso de que el muerto no estuviera bien muerto.

Saben que mi madre luchó por nuestras vidas, la tapa estaba completamente arañada y suponiendo que yo solo tendría más posibilidades que los dos juntos, ató el cordelito a mis pies, me puso a su pecho y ella dejó de respirar. Mis pataleos movían sin cesar la campanilla y mi padre los oyó con claridad cuando fue a depositar flores frescas la mañana siguiente de mi entierro, perdón de mi nacimiento.
Así fue como vi la luz, nunca mejor dicho. Mi padre me desenterró con sus propias manos arrebatándome del pecho amoroso de mi madre muerta.

Mi infancia transcurrió entre olor a madera y sopas de leche. Ahora entiendo porque mi padre me protegía hasta casi el encierro. En el pueblo me llamaban el mensajero de la muerte y no me ayudaba el hecho de que podía ver, solo con mirar a los ojos de una persona, cuanto tiempo duraría su camino en esta vida. Predecía con exactitud la fecha de sus muertes y además ayudaba, a cuantos me lo solicitaban, a cruzar el umbral. Además veía a los que, muertos ya, vagaban perdidos como sombras sin estar en ninguna parte.

Aprendí el oficio paterno sin mucha maestría, todo hay que decirlo, pero me proporcionó la posibilidad de hacer con mis manos el último traje de padre. Hacía varias semanas que había visto en sus ojos que se aproximaba su final.

El día siguiente de su entierro cerré la carpintería, recogí mi herencia hecha de de escofinas, escoplos y formones y me fundí entre el paisaje de hayas y encinas convirtiéndome en un Perdido en vida a la espera de descubrir en mis ojos el día de mi partida.

Confieso que estuve un tiempo evitando las aguas cristalinas de los  riachuelos que atravesaba y hasta los espejos en las pocas ocasiones en que los tenía que usar. No quería descubrir en mis ojos lo que estaba tan habituado a ver en los demás.

La muerte me sorprendió dormido bajo una encina y desde entonces vago, ya sin equipaje, a la búsqueda de alguien que como yo pueda ayudarme a ver por fin la luz.

mayo 11, 2011

DIVAGACIONES


Ya se durmió la ciudad un día más. Me gusta respirar el aire de la primavera anochecida, ver el tililar de las incansables farolas y los focos de algún retardado conductor que vuelve a casa.
Es la hora en que todo duerme y los fantasmas de la noche cobran vida.

Tengo que dejar de fumar. Lo  pienso mientras enciendo el penúltimo cigarrillo de la noche. Me gustaría ser humo

Cuando todos duermen mi cerebro despierta y empieza a tejer sueños, a despertar a golpes de lucidez a la pura imaginación.Todo cobra sentido, todo tiene su sitio. Es cuando las palabras fluyen sin control y tengo que estar atenta para atraparlas en papel. Un día de éstos me haré con una grabadora, las mejores ideas se pierden entre las sábanas cuando el sueño por fin me vence. Quiero ser papel…

El olor de la noche, el sabor del silencio, el tacto de un recuerdo… mil sensaciones que gritaría si no fuera porque no sabría hacerlo con la suficiente fuerza y belleza para que no resultara ridículo. Fuego. La fuerza que me quema por dentro, la que sujeto durante el día, la que me hace vivir y seguir, seguir y soñar, soñar y esperar. Quiero ser fuego…


He de imaginar las estrellas, pienso mirando al cielo. En la ciudad las estrellas son difíciles de ver pero sé que están allá arriba y me esperan. Últimamente me asalta un pensamiento que se repite : siento que no tardaré mucho en dejar este plano de realidad y rezo para convertirme en estrella y que unos ojos me busquen en la noche y me entreguen sus secretos. Si, quiero ser estrella...

Quiero ser humo, papel, fuego y estrella. Tantas cosas y nada al tiempo.

Quiero irme a la cama sin pensar en tus ojos, sin que me atraviese tu olor o sin querer que tu voz me adormezca. No quiero pensar en ti porque el dolor no ayuda, porque después de sentirte dentro, tan cerca, te desvaneces como ceniza al viento. No quiero recorrer más tus calles y sentir que soy solo asfalto bajo tus pies. Quiero ser recuerdo, tu recuerdo.

Quiero ser el humo que queda del recuerdo arrugado en un papel. El fuego que todo lo purifica elevará las moléculas de mi nada hasta convertirlas en estrella brillante y solitaria que un día tú , desde tu noche, buscarás.
Guardaré tus anhelos, velaré tus deseos y haré cerrar tus ojos de puro brillo. Cuando eso suceda, cuando al mirar una estrella cierres los ojos ,recordarás y una sonrisa bordará tu boca y una palabra escapará sin freno. Esa palabra no será otra que amor.


Una vez más no lo consigo y mi último pensamiento del día vuelve  a ser para ti. Vuelvo a encender otro cigarro, éste si, éste es el de dormir.

mayo 08, 2011

Sentir, sólo sentir.


La despertaron unos golpes ligeros, rítmicos como piedrecitas en el cristal.

Le costó unos instantes ubicarse, no recordaba donde se hallaba. Todo le parecía extraño y en esos momentos en que todavía cabalgas entre el sueño y la vigilia no recordó que demonios hacía allí. Poco a poco recordó que se había instalado esa mañana en el bungaló de ese apartado pero lujoso complejo rural huyendo de una realidad que la asfixiaba. No había contado a nadie su intención de desaparecer durante un tiempo porque ni ella misma sabía que tomaría esa decisión hasta que apareció en el complejo hotelero después de seguir, como una señal, los letreros publicitarios que había ido encontrando a lo largo de la carretera por la que circulaba sin destino, sin finalidad. Fue un impulso y al llegar sintió que la paz que hacía tanto que no sentía había vuelto a ella.

Le asaltó un sentimiento de mal humor porque aquel dichoso ruido en su ventana le había fastidiado un sueño con el tipo al que había estado observando esa mañana en la playa mientras le acondicionaban el alojamiento. Todo un ejemplar masculino…

Se levantó como un resorte y salió al porche sin importarle el fresco de la madrugada y el aire húmedo del mar cercano, vestida únicamente con una camisa de hombre desgastada. Un recuerdo…

La oscuridad lo inundaba todo. Inesperadamente notó que una mano grande y cálida la tocaba. Le acarició el hombro y bajando por su brazo hacia su mano describió un camino de puro fuego. Ella sin pensarlo tomó su mano y desapareció con él y su moto.

No tenía que pensar, solo tenía que sentir, sólo quería sentir. Bloqueó su racionalidad y se dejó llevar. Deslizó los brazos por los costados y se abrazó a su pecho. Se inclinó apoyándose en su espalda y aspiró el olor que desprendía, puro, masculino, el tipo de fragancia que le hacía volver a sentirse mujer.

Sintió el frio cuero de su chaqueta sobre sus pechos y sintió endurecer sus pezones.

No se le ocurrió preguntar. En aquel momento lo único que experimentaba eran sensaciones.

Él alargó la mano hacia atrás y recorrió su muslo desnudo. – Agárrate fuerte- le ordenó.

Ella se estremeció tanto por el sonido de su voz como por el contacto rugoso de su mano…

 

Días después, en la ciudad, alguien leía el periódico mientras tomaba el desayuno. Le gustaba leer los breves de sucesos, esos que parecían no decir nada de gran relevancia por lo anónimo de sus personajes pero que encerraban auténticas tragedias de las que él bebía para sus novelas.


“Hallado cadáver sin identificar de una mujer joven en el bosque cercano a los acantilados del pueblo cántabro de Sonsés. Los excursionistas que la encontraron dicen que solo vestía una camisa de hombre. El cadáver, en avanzado estado de descomposición, no mostraba signos aparentes de violencia. Se encuentra en el depósito de la ciudad a la espera del resultado de la autopsia y su posible identificación.”

Dejó el diario sobre la mesa de un golpe, apagó el cigarrillo y tomando su cazadora de piel y su casco salió a quemar rueda con su moto…

 

mayo 02, 2011

CUÉNTAME UN CUENTO... VALE TE LO CUENTO


Erase que se era
Un príncipe,
Una araña
Y un pez en su pecera.

El príncipe, galán donde los haya, decidió un buen día pasearse por el mundo más allá de sus almenas y ataviado de palabras que lucía como perlas  y vistiendo su mejor ego se dirigió al mundo lejano a pasear sus encantos.

Hete aquí que, pasea que te pasea, se fijó en un pececillo y en su pequeño mundo transparente.
Le sorprendió que alguien pudiera vivir en un mundo tan pequeño y se preguntó si en realidad su nado despreocupado, casi inocente y su mirada limpia eran verdad. Se preguntó cómo podría vivir entre paredes de cristal y dejar al descubierto su vulnerabilidad.
Preso de la curiosidad que poseen los genios encaminó sus pasos hacia el cristal y con sus profundos ojos deslumbró al animal.
El pececillo incauto o no tanto, dejó que el príncipe le mostrara sus encantos. 
 Él que creía conocer el mundo cayó perdido cuando, al bajar la guardia, el príncipe le mostró su alma.

Quiso el caprichoso destino que almas tan distintas se unieran aunque como dicen por ahí, la felicidad dura poco en la casa del pobre y el destino, que no es para siempre, jugó de nuevo sus cartas.
En una de las esquinas de ese mundo ideal observa y teje, teje y observa la araña Doña Mentiras. Lista y taimada no dejará que uno de sus príncipes favoritos disfrute del espacio que comparte con el pececillo y sin querer queden al descubierto sus pequeños pecadillos.
Con sus ochos ojos y sus ocho patas a todas partes alcanza y cuando algo no le conviene teje una tela espesa hasta que hace invisible aquello que le molesta.
Dicen que las arañas no cantan como sirenas pero sus hilos de seda envuelven también a cualquiera. No soportaba al pez ,que ella veía insulso y tonto, y no entendía que aquel príncipe compartiera su tiempo con él en vez de con ella.
Sintiose la araña en un segundo plano y no soportándolo le habló al pez con palabras que parecían sinceras diciéndole entre susurros que el magnífico príncipe era en realidad un sapo verde.
Le dijo:
-                                    -Ten cuidado pececillo, te arrastrará a los abismos porque el príncipe riega con palabras mentirosas a todos aquellos que oyen sus palabras hermosas.
Ten cuidado del príncipe del averno, mira que yo te lo digo porque te quiero.

Fuese como fuera
la taimada Doña Mentiras consiguió que el príncipe ya no viera al pececillo como un alma gemela sino como piraña que come todo lo que entra en su pecera.
Se marchó sin avisar y el pobre pescadito, ¡qué tonto!, nunca dejó de esperar. Esperar que aquella capa de seda tejida,  espesa, casi tupida la deshiciera el tiempo.
El príncipe sigue su periplo sin mirar atrás y el pececillo  feliz lo sueña y no se para de preguntar:

         -¿Quien vive en un mundo de cristal? ¿La vanidad, la envidia o la credulidad?

Quedó la araña enredada en su propia red de sedas, el príncipe siguió su camino y el pez… el pez tranquilo en su pecera.


Busque el lector la respuesta pues ya no compete al que escribe buscar las moralejas.

mayo 01, 2011

TIEMPO DE CAMBIOS




Resbalaba una lágrima. Encorvada sobre el empedrado del suelo, reconocía cada rincón, cada fuente a lo largo del camino que llevaba hasta el Convento “chico”. Las campanas rompieron el silencio y alborotaron mi cansado corazón. El mismo tañido viejo y severo de mi niñez.
Es curioso como un mismo sonido puede despertar sentimientos tan diferentes.
De niña, cuando oía la llamada de “las viejas” - así les decían en el pueblo- el corazón me brincaba.
Sentía la necesidad de pertenecer a su mundo; un mundo de oración, paz y entrega. Me parecía que había nacido para formar parte de sus muros y su capilla.

A la edad de dieciséis años y con la oposición de mi padre, entré como novicia. Me dediqué en cuerpo y alma a lo que yo creía que era mi destino y mi vocación. El tiempo transcurría apacible, pausado, como si el mundo exterior no existiera. Al principio las noticias de casa eran escasas, mi padre les negó a mi madre y a mi hermana que pudieran escribirme ni siquiera cuatro letras por mi cumpleaños o por Navidad. Decía que si había renunciado a la familia por una vocación, que él creía equivocada, era como si hubiera muerto a los ojos de la vida, de su vida.
Fue un tormento para mi, una prueba que debía superar porque la añoranza era tan grande y el dolor de sus ausencias tan profundo que dividían mi corazón. La herida se hacía cada vez mayor y quebrantaba poco a poco mi firme decisión de permanecer entre los sagrados muros.
Pasados dos años y a punto de hacer los votos – faltaban sólo cinco meses- las cartas empezaron a llegar semanalmente. Constanza, mi hermana menor, me escribía sobre la delicada salud de mi padre, sobre las lágrimas de mi madre y sobre la tristeza que había teñido las paredes de mi casa desde mi partida. Me hablaba sobre la situación económica en la que se estaba sumiendo la familia porque debido a la enfermedad mi padre había dejado de lado el negocio y las deudas empezaban a agobiarlos. Mi padre requería una intervención quirúrgica que solo podía hacerse en la capital y los obligaba a viajar a todos con el perjuicio económico que ello suponía...
Releí mil veces las cartas y entendí que de nuevo se aproximaban cambios a mi vida.

-Madre, ¿da su permiso?
-Entra Leonor. ¿qué te aflige, hija?

La superiora hizo un gesto con la mano señalando la silla de cuero que tenía delante de su escritorio, invitándola a sentarse.
-Hija, hace días que te observo y veo con preocupación que tus ojos han perdido el brillo y que a menudo te pierdes en los rezos. Tu cabeza está en otra parte. Cuéntame, ¿en qué puedo ayudarte?

Recuerdo perfectamente, a pesar de los años, la profunda tristeza, el llanto desconsolado y el desgarro interior que me produjo tomar la decisión de dejar el convento y volver a casa.
Utilicé las arras de mi compromiso para el viaje y la operación de mi padre aunque con ello creí traicionarme, pero también sabía que estaba haciendo lo correcto al hacerme cargo del negocio familiar y convertirme en el pilar de mi casa.
Me consolé pensando que sería por poco tiempo, que era una solución transitoria mientras mi padre mejoraba pero no mejoró. Lo enterramos casi en la fecha en que yo debía convertirme en monja.

Con resignación y con una fuerza desconocida en mi, refloté poco a poco la empresa convirtiéndome en viajante de mi propio negocio. Yo que quería el recogimiento y la paz de unos muros me vi obligada a recorrer sola toda la región. Una de las primeras mujeres viajantes del país con lo que ello representaba de burlas y malos entendidos por parte de algunos hombres.
Los años pasaron entre trenes y autocares, entre kilómetros, polvo y vergüenza. Poco a poco el convento y su entorno se convirtieron en un recuerdo envuelto en papel de celofán.

Me casé, tuve hijos y mis hijos me dieron nietas. No puedo decir que fuera infeliz pero nunca logré que mi corazón sintiera el gozo de aquellos años de juventud.

Hoy, casi cuarenta años después, vuelvo a hacer el camino. Recorro de nuevo las calles y plazuelas, las empinadas escaleras y las campanas repican fuera y dentro haciendo brotar la nostalgia de un tiempo perdido.
Ya es tarde para mí, pero mi nieta María tomará los hábitos hoy, en el mismo lugar en el que debiera haberlo hecho yo tanto tiempo atrás.

No me arrepiento de nada. Creo que nada ocurre por casualidad. La nostalgia se mezcla con la felicidad de mi nieta... Mi hijo, su padre, también se opone pero aquí está su abuela, Yo le proporcioné la dote necesaria para entrar en el convento, aquella que guardé durante años para mi misma.

Solo espero que la vida sea con María más justa de lo que fue conmigo. Me aseguraré de ello.



abril 28, 2011

Milagros o misterios


Escondido tras mis sueños duerme el recuerdo de ti, dulcemente tapado por los años.
Se convierte en agua a veces y aflora a mi presente en saladas perlas que se secan, solitarias, al sol de la vida. Otras son sonrisa y muchas otras ecos de dulces sonidos.
A menudo añoro la idea de ti más que a ti mismo y me siento feliz honrando esa imagen más que intentando luchar por uno de tus minutos.
Escondimos un tesoro en nuestras manos que a ti se te escurrió como el agua pero que sigue intacto en las mías como una ofrenda al manto de estrellas fugaces que te cubren en tus noches en blanco.
Aunque ahora la memoria te lo niegue, tú y yo sabemos que ese tesoro preñado de alhajas fue auténtico, sincero, casi corpóreo. Así lo mantengo, brillante y pulido, prueba del alma que casi nunca muestras pero que yo sí conocí.



Destierro lo acibarado porque no me gusta el sabor que deja en mis labios cuando bebo de esa copa y espero, muy pronto, estallarla en mil pedazos contra el espejo de tu indiferencia y así deshacerme del dolor.
Navegar en el mar de tus silencios con las velas henchidas por el céfiro de la paciencia y el amor es mi castigo y el tuyo.


El amor, cualquier amor, no se mata, no se olvida. Duerme y  reposa y se viste con velos de nostalgia  y  añoranza pero vive dulcemente entre los sueños del que de verdad amó.


Añado este video que he descubierto hoy y que le va como anillo al dedo.

abril 19, 2011

YA NO...

Ya no me duele mirarte.
Ya no pregunto por tí al viento esperando respuestas que no llegarán.
Al pronunciar tu nombre no noto las mariposas que habían hecho nido en mi alma y hasta puedo no pensar en ti. Ya no me hiere el silencio, lo bendigo.
Prefiero el recuerdo al puñal de palabras, y hasta seré capaz de perdonarme el tiempo, la entrega, el esfuerzo.

Hoy he mirado al cielo con una sonrisa cuando algo, una insignificante señal, me recordó tus ojos, tu voz. No siento ira en el corazón, ni la pena baña mis ojos. La tristeza, persistente, agotadora chacha ya no ejerce labores en mi.

Yo prometo mirar al cielo sin nubes en la mirada y si algún día tu vuelo revolotea mi calle devolverte en sonrisas las piruetas inquietas de tu viaje.


Sigue tu vuelo ave peregrina, vuela alto , lejos y ojalá cuando bajes los ojos a la tierra recuerdes que yo estuve allí.





abril 16, 2011

POEMA A DOS VOCES

De mi poema Búscame nació éste como si de una batalla rapera se tratase.
Lo traigo aqui porque lo merece.
Gracias a Coral y a Gus, que le puso el punto de humor.

Gracias a los dos. Tenemos que repetirlo ! Coral en azul, Naranjas para Gus y negro para mi.


las sandalias del pescador
pescador de tulipanes
tulipanes de cristal
cristal en tu mirada
mirada que mata
mata ilusiones
ilusiones vanas...


ilusiones que un día
fueron de terciopelo
y que hoy yacen mustias
a los pies de mis sueños.


sueños que en sueños quedaron,
yermos de amantes ajados,
de ello nació una espina
de dolores pronto olvidados,


y siguió tejiendo el olvido
el manto de la indiferencia
y entre los sueños marchitos
marchitose hasta tu ausencia.


Y en tu ausencia me perdí
como perro callejero
porque solo miraba
por detrás del agu...


nada se pudo arreglar
cuando la noche avanzaba,
cada cual cerró su puerta
aunque se abrieron ventanas.


y el llanto de aquel perro
que se buscaba así mismo,
dejóme los oídos sordos
y vacíos los sentidos.


Los sentidos son certeros
cuando de pasiones tratan,
¿ sera que no son sinceros
los sentires que reclaman?


ya nacieron las mentiras
entre los marchitos sueños
y dejaron sus ponzoñas
envenenando recuerdos,


¡hay recuerdos! ¿de que sirven si no para recordar?
dejar atrás la malicia que envenenó tantas horas,
y dejar una sonrisa donde nació la zozobra,
saludando con cariño estas benditas horas,


horas que volaron raudas
y que forjadas con sueños
permanecen en el alma
como marcadas a fuego.


Ese fuego que no quema,
solo calienta la cama
y se escapa con los sueños,
que al final ya no son nada.





(Recuerdos de un Junio pasado.)

abril 10, 2011

LA CULPA ES DE LA DOPAMINA


Quiero pedirte perdón.
Te di el corazón cuando no lo necesitabas y lo convertiste en estopa con la que quemar tus horas vacías. Perdóname tú porque yo no puedo.
Perdóname por confiar en ti, por ofrecerte mis ojos y mis oídos, por hacer de los tuyos los míos.
Por creerte cómplice y amiga, por recorrer contigo el camino a tus soles azules o peinar tus momentos de luna. Por teñir de ilusiones tus soledades y las mías, por creer que algún día nuestras almas se tocaron en el universo de las almas perdidas.
Yo no me perdono el haber abandonado en tus manos casi todo lo que podía aunque casi todo, para ti, nada era ni siquiera lo veías.
Ahora caída la venda, aquella que me decían, veo pisoteada nuestra historia. Bueno, nuestra no, mía. Te vistes de traición e indiferencia tapándote con mentiras que repites una y otra vez hasta convertirlas en verdad.
Sacúdete esta historia en el felpudo del olvido y cuida bien de no dejarte en las suelas las risas y confidencias y los momentos vividos, que aunque ahora tiñes de sucios, fueron verdad e importantes, fueron hermosos momentos vividos.
Lo que ahora es aire fresco porque ya no respiro contigo te asfixiará algún día si continúas abonando tu preciosa soledad, si sigues cerrando las puertas de ese corazón y convirtiendo en basura lo que te huele a vulnerabilidad. No soportas las debilidades ajenas  porque apenas convives con las tuyas.
Devuélveme mi esencia, esa que te llevaste contigo y que lastraba tus pasos, devuélvela es mía. Si la necesitaste alguna vez no lo admites, no la querías.
Yo te devuelvo las palabras.
Las que te faltaron al final y aquellas que tenía guardadas y que ahora convertidas en polvo ya no valen nada.
Y a pesar de la espada, a pesar del dolor y la rabia yo no te guardo rencor.
Sé feliz…si puedes.

marzo 27, 2011

Nada, siempre fue nada

Escucho tu silencio alto y claro, rotundo.
El mundo sigue girando, nada se ha parado ni en tu vida ni en la mia y sin embargo siento tan pesadas las horas que los días se dilatan en interminables segundos vacios...

La noche crece en mis ojos. No deseo ver, no deseo oir, no deseo el mundo sin ti y sin embargo me muevo autómata entre las luces del día a día y la pena me barre cuando el ocaso me trae los sonidos de tu recuerdo.


Me diste el veneno pero no el antídoto para olvidarte. Me diste palabras y las llenaste de nada. Los reproches nacidos de la necesidad se convirtieron en verdugos y en condena. Nunca entendíste, nunca entendí y la duda se ha hecho fuerte entre mis barreras. No guardo recores, no sé pero cierro la puerta.

Ya no más, me retiro a mi rutina, al almohadón de plumas que es mi vida aunque a veces me asfixie...

marzo 22, 2011

¿ Astenia Primaveral?

Empiezo a estar cansada. Cansada de lo virtual y de lo real, de lo que palpo y de lo que siento, de lo que veo y hasta de lo que intuyo.
Me cansan los de la verdad absoluta, los que aleccionan en vez de compartir, los que te creen idiota por pensar diferente, los que te creen tonta por empatizar con el mundo que te rodea. Me cansan los que te miran por encima del hombro despreciándote por creerse superiores sin darse cuenta que demuestran sus propias carencias.
Me cansan los fantasmas; los propios y los que caminan erguidos a " dos patas".
Me cansa la hiporcresía, la mentira, los secretos y las traiciones. Me cansa estar triste y el esfuerzo por no estarlo.
Me cansa no poder gritar lo que siento y callar lo que pienso por no dañar a terceros y sin embargo tragar lo que otros dicen sin pensar si dañan.
Estoy cansada de mi cabeza, de mi corazón, de mi cuerpo, de pensar y hasta de escribir que estoy cansada.

Ahora recuerdo un poema de Cernuda que decía algo así como que estar cansado tenía plumas. Lo buscaré...

marzo 21, 2011

LAS DOS CARAS DE LA MONEDA

Abrió el buzón como cada tarde cuando regresaba de la oficina. Estuvo a punto de no hacerlo porque la inoportuna y torrencial lluvia lo empapó, pero fiel a sus costumbres no quiso modificar sus pautas de comportamiento. Siempre tenía el secreto pensamiento de que cambiar las rutinas traía consecuencias.

Entró en casa y tiró las cartas sobre la mesita del recibidor junto con las llaves y se dirigió al cuarto de baño a sacarse la ropa mojada y a tomar un baño caliente.

Cuando se puso cómodo conectó el contestador para oir las llamadas y se fue a preparar una copa. Se llevó el correo al salón y se sentó en su sillón favorito con el mando del compacto y la copa de coñac. Sonaba " Wings of Desire"  y la música lo relajó al instante.


Dos cartas del banco, una de la compañia de seguros, publicidad y un sobre de color sepia con una letra pequeña y pulcra que reconoció de inmediato.
Rasgó el sobre y tomando un sorbo de su licor leyó con calma :


Querido amigo:

¡ Ganaste !. Tu máxima es “ o conmigo o contra mi” y has hecho lo imposible por mostrarme la cruz de tu moneda para que fuera yo quien tomara la decisión de dejarte y poder seguir lamiendo tus heridas y alimentando ese rencor que guardas contra todo, contra todos y hasta contra ti mismo.

Algún día lloraras las ausencias que hoy alimentas. Algún día verás que lo que te dieron fue mejor y más importante que lo que deseabas. Algún día sabrás que el amor incondicional no es frecuente, que es un regalo que nunca debe
desperdiciarse.
Ésta es una carta de desahogo, de reclamos,de frustración y derrota . La indiferencia siempre gana la partida y consigue horadar hasta los mejores sentimientos.
Nunca valoraste lo que se te entregó: ni las palabras, ni las acciones. Nada sirvió para conformarte, todo siempre era poco y lo poco no valía nada.

También derramo aquí esperanza. Solo espero dos cosas; que cuando descubras que dejaste escapar algo importante , seas capaz de no enrocarte y tengas un hombro amigo en el que llorar, y que sigas tu camino con los ojos bien abiertos y sin candados en el corazón. El blindaje al que lo sometes lo está ahogando, lo asfixia y no dejas aflorar todo lo bueno que alberga,
y es tanto...Espero que algún día alguien sepa llegar hasta tu alma
y se instale allí hasta el final de tu vida y que la ames tanto que hasta te duela.

Por mi parte me quedo con lo bueno que fue conocerte, con las charlas, los cafés de cucharilla y media, los chocolates, las risas. Me quedo con las locuras compartidas, el ingenio, el despertar a mundos nuevos y apasionantes... Me quedo con lo bueno y lo malo de ti porque todo fue un regalo que me dio la vida y que guardaré con mucho, mucho cariño y no pocas lágrimas.
Te quiero ahora y seguro que siempre.


Terminó de leer la carta al tiempo que acabada su canción favorita. Cerró los ojos, arrugó el papel y sonrió.
Sentía un placer secreto en el dolor ajeno, sentía que su mundo valía más cuanto más marcaba la vida de los demás.
De pronto se sorprendió al notar mojadas sus mejillas.¿ Estaba llorando?



DETALLES

Hay detalles que se clavan en el alma como soplos escondidos.Duendes traviesos que salen cuando menos lo esperas para recordarte otro tiempo, otros ojos, otras manos, otra piel.

 Un aroma que olvidado sigue vivo, una luz que atrapada aun brilla.Una expresión, una risa, una mirada, una música, un paisaje que sin ser idéntico te hace recorrer de nuevo mapas que creías superados por explorados.

 Aun ahora, que muestro tiempo no ha acabado, atesoro esos fraqmentos de nuestra vida,esos gestos, rasgos y delicadezas que un día , espero que lejano, me hagan pintar una sonrisa cuando me acuerde de ti.

marzo 16, 2011

Perdido en la frontera de la cordura. Cobarde.

El aire es pesado, entra.
No, calla. No me cuentes lo que has visto puedo adivinarlo.
Necesitas agua, bebe.

Tus ojos... ¿ qué le han hecho a tu alma?.Antes podía verse con solo perderse en tu mirada, ahora ya no está... Me hielas la sangre cuando me miras.


Tus demonios pintan la sonrisa que antes era beso y paz. No te rías, no soporto esos sonidos... ¿ Quién eres?.
Ya no puedo reconocerte. Te perdiste a mitad del camino, en la frontera de la cordura.
No pedía casi nada pero el miedo te hizo huir. Tenías miedo de equivocarte, del fracaso y en tu huida encontraste la puerta de tu propio infierno.

Y ahora vuelves...
Acuestate, duerme, velaré tus sueños si es que aun te quedan...




marzo 03, 2011

El asesino del hábito


Salió a la calle con los ojos teñidos de ira y el corazón negro de odio.
Volvía a sentir como su sangre hervía de nuevo, preludio de lo estaba por suceder.
La noche espesa por la niebla y las farolas anémicas como luciérnagas le proporcionaban la cobertura necesaria para esconderse entre las callejuelas.


Sólo le delataban sus pasos, pausados, fuertes, seguros...
Sabía que cuando llegara el momento sería casi lo ultimo que oiría su presa.
Olía el aire buscando perfumes baratos que le dirigieran al objetivo, mientras su cabeza no paraba de repetir una y otra vez la misma diatriba. Una voz endemoniada salida de no se sabe dónde le repetía constantemente:


“ Oh! Hija de Eva, aceptad el atuendo de penitencia que corresponde a las mujeres por la ignominia de Eva, el odio que merecéis por haber causado la raza humana...”


En la esquina siguiente Luisa empezaba su tarea diaria. Odiaba ese trabajo pero de momento no podía elegir. Limpiaba su tramo de calle antes de abrir la tahona. Más que a su trabajo, odiaba a su jefe y sus manos calientes y húmedas que a la menor oportunidad paseaba por su espalda, por
su brazo...


Con la falda remangada hasta mas arriba de las rodillas, tiraba agua a cubos. A esas horas nadie la veía y no podían juzgarla por indecorosa. Mezclaba el agua con agua de lavandina que le había aconsejado el farmacéutico como desinfectante y para alejar a los malos espíritus. Decía que un colega suyo francés, un tal Labarraque, había comprobado su eficacia.


Últimamente se sentía intranquila mientras realizaba sus tareas. La culpa la tenían las cinco mujeres que habían aparecido muertas y el asesino del que todos los periódicos hablaban.
– Maldito loco, ojalá lo pesquen pronto- pensaba , dándose prisa por acabar.



.”... aceptad el atuendo de penitencia... ...odio que merecéis...”


Cada vez eran mas fuertes esas voces y sabía que lo único que las callaría sería salvar otra alma para Dios.
Dobló la esquina y cesó sus pasos. Allí estaba..


“Oh hija de Eva...”.

 
Se acercó haciendo resonar sus pasos fuertemente. Luisa se giró . Al principio con miedo pero se relajó inmediatamente,


– Hola padre Juan. Buenos días. Todavía no hemos abierto pero si se espera...
De repente sintió un agudo dolor en el costado y un liquido caliente empezó a recorrer su cuerpo mezclándose con el agua del suelo y formando riachuelos rojizos.


“ acepta éste atuendo de penitencia...”

 
Ya está, las voces morían por fin poco a poco mientras sacaba de debajo de su sotana un fardo y finalizaba su misión.



A Luisa la encontraron horas más tarde tendida en el suelo, vestida con túnica negra, toca blanca
sobre la frente, manto de la cabeza a lo pies y un crucifijo entre sus ajadas manos.

febrero 15, 2011

ALMA

De repente te apareces en el cálido aire del medio día de un febrero atípico.
Respira cerrando los ojos al sol que baña su rostro y puede olerte y hasta sentir que caminas a su lado. Abre los ojos y desapareces.
Te apareces en la nube que se lleva la luz al atardecer y hasta cree verte en las estrellas cuando la ciudad duerme. Cierra los ojos y desapareces.
Día y noche a  su lado, sin descanso sin final.

Desearía matar los sueños que todavía vuelan, a tiros, sin piedad. Cazarlos por irreales venciendo al torturador destino por mentiroso. Muertos los sueños dejaría de sentirte en cada esquina, en la fina lluvia de una tarde o en las soledades de la madrugada.
Mataría el recuerdo de tu voz para que no ensordezca sus silencios. Mataría la necesidad de ti, de tus besos, de la protección que le proporciona tu abrazo. Borraría con el olvido las señales que le llevan a casa, a ti y seguiría caminando sin rumbo pero sin dolor. Perdida pero sin sueños que le aparten de una realidad libre  y sin embargo vacía.

Y aquí es donde entro yo, tu alma. Permitir que mates tus recuerdos, tus sueños, que te agarres con fuerza al olvido y la indiferencia acabaría conmigo. Un día, ya lejano, me uní a su alma solitaria y decidí que a pesar de todo, a pesar de todos, juntos o en la distancia seríamos uno solo.


Marga, 2011

diciembre 23, 2010

SIN PERMISO

Así he titulado una "perla " de las que de vez en cuando acostumbra a escribir un buen amigo mio, eso sí con su permiso.



No, no necesito amarte para que tú me ames.
Mi corazón nunca ha estado preso, ni de las horas, ni de los avatares. Yo no me guío por lo que todos dicen, que no puede ser. Y pérdoname, pues yo no necesito tu permiso para amarte, pues a pesar de tu miedo, a pesar de lo que digan todos, de lo que nunca podrá ser, a pesar incluso de mí mismo, ¡cielo mío, yo te amo! 

Victor Hugo Flores.

diciembre 21, 2010

RESISTENCIA


Templado mediodía de Octubre de no importa el año. Todos se parecen y se suceden como clonados. La ciudad está llena de buitres leonados en busca de carroña. Se desplazan en automóvil, todavía no vuelan pero todo se andará. Ya hace frio pero el sol, a estas horas, calienta viejos huesos y hasta entibia corazones que a latidos forzosos van envejeciendo enfriándose, enfriándose.

Nadie sonríe, no hay niños a medio día en la ciudad. Están escondidos en las fábricas de talentos o fracasos protegidos o, quien sabe, a merced de la Máquina que una vez convenientemente adiestrados y anestesiados los devorará. Son fábricas de programación no de pensamiento.

 Respiro su aliento fétido y corro a esconderme como casi todos en las profundidades de la tierra para ser engullida por el gusano que la atraviesa.
Voy a ser su alimento durante cuarenta y cinco minutos y luego me defecará  un poco más cansada, un poco más gastada. Parece que sonríe mientras me alejo de él con pasos sordos, sabedor de que mañana volverá a nutrirse nuevamente de mí. Me siento vampirizada y aun así volveré irremediablemente, día a día.

Nadie conoce a nadie. Todos huyen a refugiarse en sus pírricas y estrechas cuevas hechas de aluminio, pladur  y metacrilatos. Nadie es nadie dentro del gusano, ni en las calles, ni en las plazas. Nadie es nadie hasta que llegan a casa, tu Shangrilá. Abres la puerta y lo familiar, lo cotidiano, lo que te hace diferente te viste de ti en un instante.

Recobras el sentido de lo particular y hasta te crees que dejas de ser carroña. Lo curioso es que esos “nadies” con los que te cruzas a diario hacen exactamente lo mismo que tu, abrir la ventana electrónica para sentirse más humano. Hablar, compartir y hasta reír con otros que como tú sueltan a teclazos la soledad, el hastío, decepciones, amoríos… no hay límites a la realidad. La realidad no existe. ¿Qué es lo real y lo virtual?
¿Son menos reales las confidencias, las palabras, las risas enlatadas en códigos binarios que las que, con suerte, se reparten a cuentagotas en las oficinas, fábricas o escuelas? ¿Quién es el real, el yo que pelea entre perros rabiosos de éxito, dinero o pura supervivencia o el que se deja el alma en su pequeño mundo de coltán?

Y sin embargo nos empeñamos en decir que nada de lo que es virtual existe, nada es lo importante que todo es pura intoxicación.
La intoxicación es la lucha diaria por resistir a la vida por seguir vivo un día más.